Dar es dar

Cuando el mundo me pregunta de ¿por qué, por qué, por qué?
¿Por qué das vueltas la rueda, porque no te detenés?
Yo te digo que dar es dar.

Dicen que después de que pase la tormenta, viene la calma… la misma calma que antecede una nueva tormenta. Es un ciclo sin fin… y ahora me encuentro en un “Stand By” de este lunes confundido, raro, de este lunes que podría ser peor.  Uy, arranqué melancólica y eso que el otro día prometí una escritura alegre, jajaja… si seré hija de puta. En fin, lo cierto es que siento desgano, hartazgo, quejas; cuando tengo unos segundos de lucidez,  me arrepiento de quejarme tanto, de hacerme mala sangre, de la amargura. Tengo tanto para estar bien… Si pudiéramos ver con tanta claridad lo que tenemos como vemos lo que nos falta, sería grandioso.

Sigo sintiéndome un sapito en un pozo, que lejos está de encontrar un pequeño racimo de compañía, pero no voy adentrarme demasiado en este tema, aunque me sienta un poco aislada del mundo e incomprensiblemente conchuda, intentaré hacer de este post lo más agradable y ligero de leer posible, je!

Desde agosto hasta ahora, mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados. Hice un clic antes impensado para una voluntad un tanto arruinada y un autoestima “muy adherido al suelo” como cantan Las Pastillas. Me dejé de comer las uñas, dejé de fumar (increíble, sí, fumaba 20 por día y a veces más), y en febrero me pintó “la de ser ordenada” (cuak). Mi placard, que cuando lo abrías corrías peligro de muerte por la avalancha de ropa, sigue increíblemente ordenado desde ese 29 de enero donde me prometí mantener el orden. En eso tuvo que ver mi vieja, que me recalcaba “tu mente es un lío porque tu placard en un lío…” En teoría mamá siempre tiene razón, pero esta vez le pifió feo; ordené todo y mi cabeza sigue siendo un quilombo, ni siquiera alcanzó la purificación tirando bombachas de 2008.

Se puede decir que estos cambios son positivos, ¿no? Fue como hacerme un regalo grande y ostentoso para mí misma, para mi salud, para mi futuro. Y sin embargo, que no tengo a quién darle todo lo bueno que soy ahora. ¡No alcanza dármelo a mí misma! Me siento desperdiciada, desaprovechada. Lo que tengo para dar, se pudre adentro mío, sin florecer, sin nacer, y muta en una angustia que yo no les puedo explicar. Es como comprarse una bolsa de caramelos y no tener con quien compartirla, o un cochecito sin bebé, o una cama sin almohada…

Se trata siempre de eso, de dar, de saber cuándo actuar, cuando esperar, cuándo dar. Sin ese “otro” para brindarnos, esas ganas de dar, quedan obsoletas (para no decir que las tenes al reverendo pedo). Lo peor de todo no es no tener con quién, sino ser consciente que eso que tenés para dar no se lo podés dar a cualquiera, eso complica mucho las cosas. No cualquier hombre merece tu atención, tu contención, tu alegría, tus momentos, tu paciencia y sobre todo tu tiempo. El hecho de que no sea un común y corriente sino uno en especial que esté dispuesto a devolverte todo eso con crece, tiene como consecuencia que sea más difícil encontrarlo…

¿Hasta dónde dar? Siempre nos preguntamos lo mismo, es una constante. ¿Es tan delgada esa línea entre dar y rogar? Más allá de esa necesidad de “darle todo”, ¿uno debe dar todo a cualquier precio? Por ejemplo, conocés a un lindo chico, te gusta, te llama… y después querés dar algo, demostrarle que estás ahí. No lo pensás dos veces, el te llamó, tenés el derecho a hacer lo mismo. Entonces se forja una especie de vínculo que no tiene nombre, pero que te encanta tanto como él, lo disfrutás sobremanera. Pasan unos meses y se el pibe, sin explicación se borra…después vuelve. Y una se pregunta, ¿le sigo dando lo que siento, o se lo niego? Se lo doy aunque no se lo merezca, ¿lo quiero más que a mí misma? ¿tanto miedo me da estar sin él, que no me puedo negar? ¿hay un límite para dar? Yo que soy la dueña de los excesos, que no sé disfrutar sin irme al extremo, puedo decir que cualquier exceso es malo, hasta el exceso de amor, de dar amor. Creo que sí hay un límite para dar, porque amar ilimitadamente es desamor propio.  

Es frustante… tengo tanto para dar, que a veces se aprovechan y me agarran de boluda. Tengo tanto para dar y lo di tantas veces en vano, que en ocasiones me pongo paranoica y no mando un puto mensaje, por no estar muy segura. Qué locura tengo! Quizás se deba al hecho de que me pudrí del boludeo. Me pudrí de garcharme a un tipo para sacarme las ganas. Me pudrí de comerme un viaje que no va a ninguna parte, de estar por estar…. Esto va a sonar cursi… pero hoy por hoy me causa rechazo estar con un tipo por una necesidad de mi cuerpo y no de mi alma.

Lo bueno de esta conclusión es caer en la cuenta lo valioso que uno tiene para dar, y justamente por eso mismo hay que pensar un poco a quíen dárselo, ¿quién hace los méritos suficientes para permitirle quedarse en mi vida – o ser intermitente en algunos casos de histeria masculina- o mandarlo a volar de una patada a Júpiter…? Porque a Marte con algunos no voy ni en pedo…. No es por fatalizar, pero fijémosnos. El amor no es solo entrega, el amor es entregar y RECIBIR. Es de a dos… Si me das, te doy y sino te vas a la puta madre que te parió, imbécil…. jojojo

Dar es dar. Es encontrar en alguien lo que nunca encontrás.

Nani Nanita.

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