El hombre equivocado

Llévame si quieres a perder,

Sin ningún destino,

Sin ningún porqué

-Ale Sanz

Especialmente para vos, At.

Desde hace un par de días mi mente me exigía imperativamente pasar en limpio las palabras de esta nota. Es tan autoritaria esta necesidad que por momentos miraba mis apuntes y quería tirarlos por la ventana para abrazarme al teclado y crear el sentido de eso que uno muere por decir. Como soy una transgresora incansable, ayer anoté algunos párrafos ilegales, para no olvidarme las ideas. Dije ilegales porque ayer solo horas me separaban de un examen oral terrible, que por suerte aprobé. ¡Si seré conchuda!  Quizás solo a quienes nos gusta escribir –las bloggeras lo sabrán- entiendan cómo la cabeza dejar crecer esa inmediatez y desesperación por decir lo que uno de algún modo necesita expulsar YA.

Antes que nada, voy a explicar el título de esta entrada. Probablemente la razón sea más que obvia: me torturé tanto durante años, armando el boceto del hombre indicado, intentado configurarlo en mi imaginación (ya que jamás apareció el desgraciado) que tuve la urgente necesidad de hablar de “ese otro”, del equivocado, que a fin de cuentas es lo único que tuve la desgracia (o la suerte) de conocer.

Debe haber tantos hombres equivocados, como caras tiene mi conchudez, por ende no hace falta – y sería inviable-  describirlos a todos. El concepto general del susodicho está más que claro: tengo la certeza de que al menos el 99% de las mujeres hemos conocido al “hombre equivocado”.  Sin embargo me gustaría precisar algunas de las características que a mi entender tendría este sujeto.

El párrafo anterior lo escribí tan formalmente, que parece un texto de metodología.

El hombre equivocado es una criatura salvaje, una especie monstruito que aparece de la nada, con todo. Se brinda, te da, desde sexo hasta algún que otro momento para degustar. Te compra con ciertas actitudes, sabe cuál es tu punto débil, por eso uno de los primeros pasos que da es hacerte sentir que te necesita. Vos estás encantada en ese nuevo papel… le das todo, demasiado, hasta quedarte seca, porque él te necesita y de repente, vos también empezás a necesitarlo.  En este proceder el hombre equivocado se trasforma en tema de conversación con tus amigas. Hablar de vos indefectiblemente implica hablar de él, se convierte en una referencia de tu mundo emocional. Vivís en una fiesta de colores, con pitos y matracas. Hasta que, como todo hombre equivocado, te empieza a decepcionar.  Comienza a derrumbarse lo que en un principio creíste… real. Lo entendés, porque eso es amor, cedés a todo, aunque sepas que no es virtud. Porque ÉL es hombre que te cautiva con una impunidad por momentos injustificada, que te convence con cualquier palabrerío barato…. Entonces le dejás pasar una y otra humillación y tristeza que te cause por no poder renunciar a tenerlo en tus días. El hombre equivocado desentierra canciones de amores no correspondidos, de desencuentros amorosos y de absurdos finales felices. No tardás en entrar a la ducha y entonarle Corazón Partío desafinando más que Natalia Oreiro, (o Natalia Franceschini, ¿la conocen?). Redondeando, el Hombre equivocado es quién a sabiendas que sea “el equivocado”, extrañamos, lloramos, añoramos, insistimos con él y su amor.  Nos preguntamos hasta dónde vamos a llegar con eso y hasta llegamos a pensar que la misma condición de imposible es lo que lo hace tan deseable. Es una relación nociva que te intoxica y que no podés soltar. El infierno a contramano.

Cuando conocemos un hombre y nos gusta, a veces sin querer, otras queriendo, no podemos evitar hacer “la vista gorda”. Consciente o inconscientemente pasamos por alto determinados detalles, que siendo pequeños, dicen mucho de una persona. A veces no nos damos cuenta, otras pecamos de ingenuas, otras nos engañamos por esa necesidad de querer y ser queridas… pero de alguna u otra manera, nos acercamos al cactus como globitos inocentes creyendo que “todo va a estar bien”, o nos la jugamos para saber qué pasará, cuando de entrada las cosas venían poniéndose color de hormiga, o de rata inmunda, o de hombre equivocado.

A ver, si lo primero que te dice es “No te merezco“, te lo firmo, no te merece. Solo te dice para bajes la guardia y creas que él es una pobre víctima. Si te dice que es un hijo de puta, es muy probablemente tenga razón. Ningún hombre que realmente está interesado en una mujer le diría semejante cosa, ningún hombre que quiere lo mejor para vos juega un picadito con tu autoestima. Ningún hombre que sólo se mira el ombligo puede hacerte feliz. Ningún hombre que habla mal (o a veces, en exceso) de sus amigos o de sus ex es un tipazo. Ninguna persona que te promete, y no cumple puede darte algo de felicidad.

“Estaba enamorada, no me daba cuenta.” ¿Enamorarnos es perder la autonomía, la autocrítica? ¿Tan difícil es entender que somos dueños de nuestras vidas? ¿Tanto cuesta girar el timón cuando algo no nos cierra? Cuando estamos en esta situación y no sabemos bien si seguir o no, mucha gente aconseja: “Jugátela, en el amor hay que ser valiente.” Claro que amor y valentía van de la mano pero cuando el amor es de a dos, cuando se rema de a dos. Ser valientes no es ir derechito a la silla eléctrica a ver si de casualidad cambian la sentencia y te absuelven, entonces, ¡Magia y final feliz! Despertemos mujeres, salgamos de la enceguecedora burbuja de pelotudeo, dejemos de narcotizarnos por un par de llamaditos, dejemos de dar todo a cambio de poco, prestemos atención. Hacernos las boludas, pensar bien del otro cuando no estamos muy seguras de quién es, dejar pasar situaciones contundentes que nos hacen dudar puede costarnos carísimo.  Muchas simplistas me dirán, “mientras esperás al indicado, divertite con el equivocado.” Bien, yo pienso que con el hombre equivocado no te divertís, solo sufrís. Y que sino sufrís, sino hay algo más o menos fuerte, la relación muere. O evoluciona y fluye o no lo ves más, o se transforma en un vínculo sin importancia.

Ojo, no estoy en contra de la ilusión porque, ¿hay algo más lindo que creer que lo vamos a lograr?. Estoy en contra de la ceguera, de la negación de la realidad, de que tenga que ser a cualquier precio. “Miénteme, dime que algo queda entre nosotros dos…” cantamos mientras tanto, cuando entre los dos hubo buenos momentos pero también malos, y muy malos.

Nos pasamos horas criticando y despotricando a un hombre equivocado que dejamos entrar en nuestra vida y en nuestro corazón casi de forma gratuita. Estamos tan sedientas de amor que con dos o tres llamaditos pareciera que nos rompen los esquemas y se apropian de todo esa capacidad de dar. Por ahí tenés una amiga lúcida, que por ejemplo te dice: “Gorda, ¿por qué le contaste eso? ¿No es demasiado confiar tanto en él?”  Una sigue sin reaccionar, niega, continúa a ciegas, solo para pelarse la frente con el cemento porque el hombre equivocado gratuitamente, tiene nuestra confianza. Al insistir tanto con el monstruito, nos convertimos en esclavas de esa estúpida fantasía femenina de querer cambiarlos, porque en el fondo esperamos que cambie, aunque lo neguemos, esperamos la aparición del hada madrina que convierta la calabaza en carruaje. Es duro decirlo pero ¿hay algo más patético? ¿Hasta cuándo vamos a hipotecar nuestra vida intentando rehabilitar pelotudos? En otras palabras, el fin de este extenso texto, es proponer que hagamos una autocrítica y admitamos que el hombre equivocado no existe, el hombre equivocado es una consecuencia de nuestras malas elecciones, de jugárnosla cuando hay miles de indicios que te dicen que no lo hagas y aún así nos arriesgamos perdiendo nuestra dignidad rogando y derrochando amor propicactuso. El hombre equivocado no existe porque las que estamos equivocadas somos nosotras, que les permitimos quedarse en nuestras vidas sin hacer el suficiente mérito para obtener semejante privilegio. 

Dejemos de creer que son todos iguales, no es así. La mujer que piensa que son todos iguales no merece un hombre distintoNo tengo dudas que cuando por fin salgamos de esa burbuja, les aseguro que el hombre equivocado dejará de ser irresistible para pasar a ser una persona digna de conmiseración.

El hombre equivocado solo puede servir para saber que el HOMBRE INDICADO está en otro lado, lejos de ser un egoísta, hijo de mil puta.

Nani Nanita. 

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