Inventario (de mi felicidad)

Cada uno da lo que recibe,
Luego recibe lo que da,
Nada más simple, no hay ninguna norma
Nada se pierde, todo se transforma.
Jorge Drexler.

Nada más oportuno que el día de la fecha para escribir sobre felicidad. Justamente, hoy es el “Día Internacional de la felicidad”. No voy a negar que me enteré porque es trendig topic en Twitter. Leí el titular de una nota diciendo que hoy es el primer aniversario, y aún no tengo ni put* idea por qué. ¿Realmente importa? 

Lo paradójico es que abrí este blog por motivos totalmente contrarios a la felicidad: resentimiento, angustia, pena, tristeza, ausencias. ¡Conchudez! (Vale aclarar que ésta última a veces es buena, pero en exceso genera consecuencias emocionales con una peligrosa tendencia al melodrama) . La “¡Crisis!” del maldito febrero conchudo mi diagnóstico era un parte médico reservado: incluía un 14 de febrero ausente y frustrado, las ganas de dar amor a un hombre que no tenía ojos ni nombre, porque no existía, y un autoestima moribundo, pegado con La Gotita a la almohada donde lloraba, lloraba y no paraba de llorar. 

En plena crisis, mis enunciados, mis discursos se resumían en una constante queja: que me falta, que no tengo, que no puedo, que estoy harta. Por Dior, Channel y Cacharel, ¡cuántos complejos! Nada me llenaba, que nada me alcanzaba. Solía preguntarme, ” ¿Por qué a mi? ¿Hasta cuando esperar? … ” Y no sigo porque la montaña de pelotudeces sería interminable.

Un miércoles… ¡Ah, si! ¿cuándo fue?, 27 de febrero, salí de Terapia. Contextualizando, estaba a una semana de rendir un final con irrisorias posibilidades de aprobar a causa el poco tiempo que le estaba dedicando. Lo más grave es que tampoco me importaba, me había perdido de verdad, me estaba costando simbolizar, casi que ni hablaba con nadie. Salí ese miércoles del consultorio de Flor y caminé por calle Corrientes con rumbo ciego e implacablemente triste. Por suerte mis ojos vidriosos se escondían bajo los lentes de sol. No recuerdo exactamente que fue lo que con mi psicóloga, pero si con gran nitidez los momentos posteriores, las imágenes que vi. Miraba las vidrieras, todo carecía de sentido, hasta los zapatos más lindos…. Solo sentí conmiseración por una mujer que estaba tirada en el suelo con un bebé y clamaba por monedas; también cierto remordimiento social porque apenas me detuve a mirarla, ni le dejé monedas. Nunca lo hacía, a veces quería hacerlo pero nunca lo hacía… ¿por qué? Si a mi me encantaba ayudar… ¡Alto estado de conchudez! 

Entonces, la vidriera de una librería muy popular me atrajo y me acerqué decididamente para verla mejor. Alguien salió de ella y mis fosas nasales detectaron un placentero olor a café y el olor a café me hace sentir alegre, o tal vez me consuela cuando estoy triste. Entré sin dudarlo y comencé a observar los libros… el primero que me llamó la atención fue “Bienvenido Dolor”, de Pilar Sordo. Leí la sinopsis y pensé: “Esto no puede ser casualidad”. Abrí mi cartera, y no crean que me lo quise robar, mi intención era cerciorarme de mi efectivo y tal como sospechaba, tenía solo diez mugrosos pesos. Pero algo adentro me dijo que tenía que comprar ese libro como sea y a mi papá jamás le hubiese gustado que yo termine con antecedentes policiales, así que aboné el libro con la extensión de tarjeta, para emergencias. Total, no me había comprado nada desde enero. (?)

Lo leí en menos de 72 horas. Alternándolo, con inútiles horas de estudio y poca concentración. Sumado a otros sucesos importantes que pertenecen a mi privacidad (bueh, ¿quién sos?jajaja) me hizo un clic la cabeza, y por fin comprendí que la vida es una construcción. Que mis días solo dependen de mí misma, al menos en un 90%. Que el estado de ánimo es una construcción. Que el punto de vista hace al objeto, parafraseando a Saussure. Que la alegría es algo que encontramos en nuestra cotidianidad, que lo bueno de todos los días sólo proviene de nosotros mismos y no es algo exógeno. Depende de nuestra decisión tomar lo mejor que tenemos y capitalizarlo en lo que llamamos felicidad.

A mi favor, debo reconocer(me) que es comprensible que deseemos tener a alguien especial a nuestro lado. Y que no tenerlo genera una gran frustración, baja de autoestima, entre otras. A veces esa carencia es un dolor inclasificable, si la dejás actuar la soledad genera un óxido en el corazón y te va matando de a poco, y quitando las ganas de vivir.  El 14 de febrero fue depresivo, triste,  no podía  entender porqué a mi siempre me tocaba estar sola, ¿por qué? si yo era una buena persona, si siempre intentaba dar lo mejor de mí. Sentía que la vida me debía algo, me dolía que ‘cualquiera’ lo tenga menos yo…me torturaba el hecho de percibir que para mí era más difícil que para los demás.

Después entendí que la vida no me debe nada, que la felicidad está encapsulada en eso que llamamos actitud, si tu actitud es negativa siempre vas a estar mal y te vas a sentir infeliz, angustiado/a y triste. Por el contrario si le insertás garra, buena onda, sonrisas y sobre todo una gran dosis de humor y personalidad a todo lo “ácido” que te toca vivir, vas a pasarlo mucho más fácilmente y vas a vivir el dolor de una manera más inteligente y adulta. Aprendí que uno no elige qué problemas tener pero sí cómo enfrentarlos – y de ahí está la diferencia entre felices e infelices-, que si miramos cada vida de cerca vemos que recorremos los mismos aprendizajes, y que la única manera de aprender es equivocándose, es atravesando el dolor y no negándolo.

Un modo clásico de ser infeliz es postergar lo que tenemos por lo que no tenemos, dejando de vivir a causa de esa carencia. Yo lloré muchísimo por la soledad, porque no se me daba, por el enjambre de pelotudos que conocí, por personas no meritorias de mi amor, amistad o lo que fuera… Hasta que caí que esas experiencias dolorosas me ayudaron a ser una mejor mujer, que el dolor es la única manera que la vida tiene para enseñarte cómo son las cosas y cómo debemos comportarnos. Mi abuela me lo decía, aprendemos a los golpes, ni más ni menos. El mejor consejo siempre es la experiencia, por ende no sirve lamentarse por ellas, ni arrepentirse. Siempre son grandes lecciones y a la larga nos damos cuenta que por más doloroso que fuera nos sirvió para crecer.

También noté que postergo mi sonrisa de hoy solo porque no tengo es un tipo al lado. Quizá simplifiqué un poco, pero en resumidas cuentas, ese era el motivo de toda la locura. ¡Algo que está genial, en el mejor de los casos! Reconozco la maravilla de una relación a largo plazo… y yo no lo tengo, es una realidad dolorosa. No obstante, ¿Por eso voy a dejar de vivir lo que sí tengo? ¿Por eso voy a desperdiciar cada momento increíble que me da la vida? Los padres que me tocaron, mi familia, mi sobrino, mis amigas, la facultad, mis otros deseos. He llegado a decir “estoy harta de sublimar”, pero no se trata de reemplazar, no se trata de tomar lo que tenés como una especie de premio consuelo y decir “Bueh, me conformo con esto”. ¡No, no, no, no se trata de eso! Se trata de cagarte de risa. De reírte todos los días hasta que te duela la panza. De limpiar escuchando alguna canción pedorra, como el Gamgam Style o Piel Morena. Se trata de comer chocolate sin culpa, lo suficiente como para no agarrarte un ataque de hígado. Se trata de crecer, de aprender, de progresar evolucionar de escribir. De levantarte a la mañana y respirar aire puro y sonreír. De las fotos, de las amigas, de las bromas. ¡Del humor negro! Adoro el humor negro. De reírse de eso que nos hace llorar. De crear, de creer… porque lo que creés, creás.

Felicidad es escuchar al otro, es darle a alguien la posibilidad de abrir la mente y que caiga de que el dueño de su vida es sí mismo y nadie más. Felicidad es abrazar la vida, es vivir intensamente…  la pasión por los libros, por las historias, por las novelas, por los programas, por los periódicos.

Felicidad es amor a la palabra, a los días de sol, a las noches de lluvia, al frío y a la bufanda en mi cuello. Es sentir que no estamos solos, que siempre hay alguien.  Que después de las lágrimas, los ojos ven mejor la realidad. Felicidad es ser consciente que nadie te hace lo que no querés, que somos lo que permitimos que nos hagan. Felicidad es saber decir basta, es saber decir que no. Felicidad es putear mirando fútbol, putear por el período, que tu equipo haga un gol, es correr hasta que las piernas no te den más. Felicidad es un llamado telefónico de tu mejor amiga contándote los detalles sexuales con su chongo de turno y riéndote a carcajadas. Felicidad para mí, es mi Diario íntimo donde en los márgenes dice “Conchulandia”.  Felicidad es algo que se percibe con los cinco sentidos, los colores (violeta y fucsia), las formas, el terciopelo, el olfato, felicidad son los olores ricos. Felicidad es llegar a casa sacarte el corpiño, ponerte las pantuflas de garra y recordar a tu amigo imaginario de la infancia. (Yo tenía uno, se llamaba ‘Budi’) Felicidad es el abrazo de papá, la parte fría de la almohada, la sonrisa antes de quedarte dormida, los niños, las mascotas, el eco de la canción que te gusta, felicidad es amor y es saber que “No se puede vivir del amor” y escuchar ese tema en la ducha antes de rendir un final que seguramente te van a cortar el pescuezo y que por actitud aprobé.

En definitiva, ¿cuántas cosas que nos hacen felices pasamos por alto todos los días, mientras nos quejamos porque todo eso que nos falta? ¿Cuantas veces naturalicé un domingo con mis viejos, cuando se muy bien que el día X no los voy a tener? ¡Cuantas veces no le hice justicia a esos segundos increíbles cuando yo sabía que no iban a volver! ¡¿Cuantos abrazos dejé seguir de largo?! ¿Cuando dejé que la amargura me ciegue tanto?

La clave está en disfrutar y cuánto cuesta, en el menor momento de distracción, ya estamos amargándonos de nuevo. Gracias a Dios cuando eso ocurre sacudo la cabeza y digo, STOP! Hasta acá llegó la era de la boludez.  El legado más importante que te deja aprender a disfrutar todos los días es descubrir que el dolor es bastante conchudo. Cuando dejas de darle importancia, el muy turro se va sin decir nada.

Justamente, porque la única manera de ser feliz es sonriendo pese a las innumerables razones que tenemos para llorar…en ser capaz de disfrutar, aún cuando hay cosas que te duelan, cuando hay cosas que te faltan. Porque nunca vamos a tener todo….

Felicidad es por sobre todas las cosas darte cuenta que uno decide ser feliz.

Nani oportunamente feliz Nanita y sus pantuflas de garra color lila. ‼OLYMPUS DIGITAL CAMERA

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