Las cosas que me quedan

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“Es un milagro despertar
saber que nada es para siempre y hoy…
desafiar a las leyes dela gravedad
sólo reírme hasta verme flotar
no me creo que todo haya ido tan mal
prueba el efecto de resucitar…
cuando el mundo se pone oscuro
se pone lento, todo mal
por el mundo, yo no me dejo desanimar.”

Fito Páez

‘Las cosas que me quedan’ es la contra cara de ‘Lo que el viento se llevó’. No le puse ese título porque prefiero hablar de ‘lo que el viento dejó’, suena mejor. Dicen que después de la tormenta siempre llega calma, pero sé que después de ti, después de ti no hay nada… ♪ Perdón, me perdí mientras cantaba Ale Sanz. jajjaajaja

Yendo al punto, siempre dicen que algo queda, que todo tiene solución menos la muerte. Y mejor no hablemos de esa forra hija de puta; el otro día me dio una paliza sin precedentes y quedé tan rota que a veces SOBREvivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo ♫ (Joaquín, mi amado)

Algo queda. Incluso cuando estás más vacío que papel de chocolate cerca de mis manos. Aún después de que te rompan el corazón en mil pedazos, que te echen de un laburo, entre otras desgracias. Ahí en los suburbios, donde todo es oscuridad, las malas lenguas dicen que algo te queda y donde descubrís quien realmente sos. Cuando pasa el tiempo y las heridas van cicatrizando, cuando vas asimilando y te vas acostumbrando que ‘la forma’ en que son las cosas, cuando explorás esas ciudades del después, encontrás el sabor de la experiencia. Y la experiencia te da aprendizaje, y el aprendizaje te ayuda a no cometer los mismos errores (en el mejor de los casos, claro.) Lo he dicho muchas veces, pero el gran maestro de esta vida es el dolor. Aprendemos a los golpes, nada más cierto que esto.
Paradójicamente, los golpes además de ‘educarnos’ sin mucha pedagogía, nos dejan tesoros. *Si Dios nos mandara una carta o nos diera lecciones de vida resultaría menos doloroso je,je,je* Ah no, cierto que sin dolor no se aprende.

Algo queda. Me quedan las ansias de aprovechar al máximo cada momento, de exprimirlo, de sacarle el jugo, por más pequeño o  modesto que sea. Soy una convencida de que lo más grandioso de esta vida son los detalles. Hace unos días me puse a leer conversaciones de chat que tuve con ‘la gente’, en general. Y mierda, capaz les diga una boludez: yo no me había dado cuenta pero soy re simpática. Jajaja, eso que también tengo un carácter de mierda… el punto es… ¡cuánto cuesta ver mis virtudes, que pedazo de conchuda! Y esas virtudes forman parte de Las cosas que me quedan y que a veces paso de largo, las naturalizo. En definitiva, la experiencia de ‘verme desde afuera’ tuvo como resultado la grata sensación de que sería amiga de mí misma. Modestia aparte, debo decirlo, es difícil que yo te caiga mal. Y lo digo sin vueltas porque soy demasiado modesta, de hecho si ven a mi amor propio díganle que vuelva, que se me hace difícil vivir sin él. jejejeje

Algo queda. A mí por ejemplo, me quedan estas ganas de reír. Adoro la risa, es terapéutica. Soy especialista en reír, inclusive en la peor de las tristezas. Creo que es un don saber reír en las adversidades o en medio de una tormenta de conchudez. Hoy por ejemplo dentro de mi absurdo melodrama, pensé cosas graciosas todo el día, por ejemplo ¿por qué es tan difícil que a mi me paso algo copado? La pregunta era tan pelotuda que me empecé a reír sola Jaja RE GRACIOSO. ¿o no? Ok sino se rieron, nada peguensé un tiro.

Algo queda. Me quedan, mis amigas, que a pesar de todos nuestros desencuentros se que siempre estarán conmigo. Me quedan las ganas de vivir, de escribir, de conocer, de experimentar, de arriesgarme, de pensar que puedo. ¿Se dieron cuenta lo difícil que es creer que lo vamos a lograr, que es confiar en nuestras capacidades? Seguramente sí… y sino les cuesta, los admiro.

Algo queda. Quienes te ayudan, las personas que te consuelan, que te brindan una palabra de aliento cuando todo es penumbra y oscuridad. Quienes creen que un mundo mejor es posible, que resucitar de los escombros puede ser real si te lo proponés. Me quedan las ganas de preparar gelatina con yogur (?), de aprender alguna que otra receta mejor que esa, de leer un libro nuevo, de escribir una canción, de decorar mi habitación, de creer que puedo enamorarme de un hombre que no sólo valga la vida, sino también los momentos, mi tiempo mis ganas, mi corazón mi todo; (¿no será mucho?)  Me quedan las ganas de salir a rollear una vez más bajo el sol de Rosario, de volver a ver a mi sobrino y darle muchos besos en esos cachetes; las fotos, los recuerdos, las renuentes tardes de sol, caprichosas como el azar. Me quedan los papeles de chocolate, el flash de su sonrisa, las fechas de rigor tatuadas en mi memoria, catorce de octubre, once de diciembre, ese abrazo y nunca te voy a olvidar. Me queda la fantasía, la esperanza, el teclado, las letras, las frases, las fragancias, los aromas, el roce. Conchulandia. Mamá, papá y su grandeza. Y sus ganas de romperme los huevos… jejeje

Algo queda. Me queda esta conciencia de que ser feliz es una decisión terriblemente difícil de tomar, decisión al fin. Me queda este sinsabor, esta amargura, que si bien son términos peyorativos, me ayudan a entender que la vida es muy corta para lamentos. Y básicamente, me queda por decirles que el mensaje de esta entrada es precisamente ése. Alertarlos de que somos finitos… que la vida no ofrece mucha certeza, salvo una y es que tarde o temprano llegará a su fin. Que somos efímeros, que hoy sí y mañana quién sabe y a veces ‘la forra’ no avisa, y no da revancha ni lugar a despedidas. Por eso vivan intensamente el ahora, luchen por sus sueños, amen a sus seres queridos, demuestren cariño, corran riesgos, enamórense, cambien de carrera o de trabajo si no les satisface, muévanse de donde están parados si así no son felices, vuelvan a empezar mil veces si es necesario, resurjan de las cenizas, esperen, superen, suspiren, escriban, pidan ayuda, pierdan el orgullo cuando la situación lo amerite, valorense mucho; CREAN en ustedes mismos, porque lo que uno CREE, también lo CREA y sobre todo porque hay una sola vida para comprender que la vida es una sola.

Gracias por todos los comentarios que me dejan siempre.

Me fui a ser feliz. (Mentira, me fui a morfar porque me pica el bagre jajaja)

Nani Nanita.

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Un día como hoy

Solo sé que me vi
Con la vida aleteando en el vacio
Con el sol en la maleta por si el frio
Me agarraba sin saber a donde ir

Rosana

Te levantás un lunes como hoy, de mal humor. O de humor neutro, no sé. Hacés pis y ahí sí, el humor está tentado a salir. TE VINO. ¡Y si! Te vino, fue. Sos mujer, lo estabas esperando. Al fin viene algo que estabas esperando, aunque no quisieras que venga. CONCHUDEZ.

Desayuná un café con leche, con tostadas. Le ponés queso blanco y miel, porque adorás esa combinación. Prometiste no jugar con los excesos, entonces sólo te comés tres. ¡Y cuando masticás a conciencia te das cuenta que te llenaste, que fue suficiente para saciarte! Igual me hubiera comido diez más… Te vestís, doblás el pijama. Escuchás a tu madre quejarse porque no estiraste la cama. “Nunca será suficiente para ella”, pensás resignada. Te tapás las ojeras, te ponés manteca de cacao sabor fresa y te peinás un poco. Frío, mucho frío. Te subís al auto. Tenés una charla de igual a igual con tus viejos sobre política. Y sobre la vida, y sobre todo. Sentís una tajadita de esperanza colarse en tus ojos, en tu interior. Aunque sea diminuta, casi invisible, existe y te hace bien.

Ordenás el departamento, quitás la mugre de los rincones, limpiás un poco los vidrios. Te tomás dos mates con tu vieja; la soportás criticando todo, cambiándote las cosas de lugar, la amás pero es insoportable, debería aprender a mirarse el culo un rato en vez de hinchar tanto las pelotas.
Vas al cine sin más expectativas que divertirte y ves una película pochoclera (no hay muchas opciones). Resulta que, no es tan mala como se puede esperar. Los zombies te producen una emoción mezclada entre la risa, el sarcasmo y la pena. Pitt te sigue provocando ganas de tener sexo desenfrenado con él mismo, aunque tenga cincuenta años y patas de gallo. Todo un logro.

A la hora de bajarte del auto ya tenés mal humor. Tus viejos empezaron a remarcar todos tus errores, a quejarse de tus quejas, y te quedás con ganas de mandarlos a la mierda. Te bajás casi sin saludar, con cara de culo; solo te consuelan mates y Facebook, o diario íntimo o blog. Pero no resulta ser así, porque aparte de estar indispuesta primer día y de haberte puesto de mal humor, el ascensor está roto y VOS VIVIS EN EL NOVENO, pedazo de conchuda.
Con toda la furia, subís la escalera, ahogándote escalón de por medio. Tus ocho años de fumadora todavía te pasan factura. (Gracias a Dios ya sos ex fumadora) De todos modos, cada dos pisos frenás descansar cual vieja de 70. No terminaste de subir, que recordás que debés ir al centro nuevamente… putas escaleras, otra vez. Al menos esta es en bajada.
Ya en el centro y escuchando una canción de Rosana como para clavarse diez tiros en la teta, caminás sin rumbo fijo. Hace un frío de cagarse, la gente se queja…*putos*
Llega el minuto ansiado en que te olvidás del mundo. De la insatisfacción de tus padres. De tu propia insatisfacción. Del desencuentro con tus amigas. De tu soledad. De tus seis kilos de más. De tu frustración personal. De tus mambos de pendeja.

Y caminás, y mirás vidrieras sin ver bien lo que estás mirando. Distraída… Entrás en una librería, te comprás el libro que esperabas leer hace tiempo. Te pone contenta esa sensación… sonreís, te animás a disfrutar sin culpas. Lo único que nadie te va a quitar, lo que lees.   Retomás tu camino de vuelta a casa, te comprás un chocolate, uno pequeño. Saboreas el dulce en tu boca y te reís otra vez. Adorás cuando se deshace en tu boca y lo pegajoso que es. Adorás personificar al chocolate y considerarlo tu amante prohibido. Jajajaja…. Sí! adorás un poco tu conchudez… Varios chicos te miran, seguro piensan que estás loca. Te sentís muy invisible como para creer que te miran por algo más.

Y vas quitando peso de tu maleta. El dolor, la vergüenza, tu baja autoestima, lo que no sos; olvidás en esos instantes la vida que no tenés y que quisieras tener. Y te acordás, de cuando tu viejo te llevaba a ver a Papá Noel y creías verlo por entre los árboles. De la primera vez que anduviste sin rueditas en la bicicleta. De cuando te caíste de la hamaca y mamá te puso una curita en el codo. De esas trenzas que te hacía la abuela que te quedaban para el culo. De los mates el sábado a la tarde cuando una de mis amigas contaba una nefasta experiencia sexual. De ese abrazo de bienvenida en un aeropuerto, del calor de sus ojitos marrones al despertar. De las miles fotos que pasan por tu cabeza… De su vocecita hablándote desde el recuerdo, de su amor traspasando la pantalla…1044142_510073139065204_484682142_n

Y, gracias a ese instante, gracias a ese día lleno de trivialidades, lleno de todo y de nada a la vez, a pesar de estar indispuesta, de sentirte sola, de tener miles de mambos, comprendés porqué vale la alegría y la pena estar vivo.