Ese seis de agosto

Sólo tengo de aquel tren al paraíso
Un furgón impenetrable sin sus puertas.
Y una sábana impermeable de granizo
De una cama que solía ser caldera
Ya no tengo aquella risa terapeuta
Y este espanto tenebroso no da tregua.
Me ha quedado una existencia belicosa
De una paz que hizo a mi vida encantadora.

Ilusa Ilusión, Salta la banca

Hoy, el último día del mes que, sino fue de los peores de mi vida, le pega en el travesaño. Me abriga la necesidad de escribir para quitarme el peso por dentro, para darle un sentido a tantas palabras en mi mente pugnando por salir, buscando adquirir un sentido, amoldarse a la catarsis.

Siento los escombros de aquellas paredes rotas que antes eran hogares, aplastándome la razón todo el tiempo, los tengo encima de mío, ahogándome. El desastre se repite, y se repasa a cada minuto en mi recuerdo, revivo esa pesadilla todos los días. No encuentro palabras para explicar esta desesperación, esta inminencia, este miedo que me condena todos los días. No puedo entender, el porqué de esto, no hay explicaciones.

Ese martes 6 de agosto de 2013 desperté, y salté de mi cama de inmediato, destemplando mi cuerpo produciendo en él un repentino enfriamiento. No logro recordar si me expulsó algo hacia adelante o me levanté sola, todo es muy confuso. Me acurruqué contra el placard, asustada, abrazándome a mí misma. En mi cama había pedazos de vidrios, el palo de la cortina, esa goma en el extremo de los vidrios. Creí que era un tornado, pero descarté la idea al ver el cielo totalmente despejado.
Me asomé caminando lentamente a la ventana, y, en ese momento no me percaté de que una de las torres donde vivían mis vecinos, estaba ausente. Solo vi una, a la cual le faltaba la pared exterior, donde se veían las heladeras, las camas, los hogares hechos cenizas, el dolor tan expuesto, tan morbosamente cierto, la verdad más cruda que me tocó observar. Y estiré la mano, como si con ese gesto pudiese calmar el caos de angustia en el que me hundía.

Grité fuertísimo, pero nadie me escuchó. En ese instante mis oídos se activaron y escuché sirenas, gritos, pedidos de auxilio. Corrí descalza por el pasillo lleno de vidrios y mi living comedor era un desastre. El aire acondicionado colgando, la ventana ya casi inexistente, los fierros esparcidos, las cortinas. Mi mente bloqueada, asustada, traumada, paralizada. Quieta, incapaz de hacer otra cosa que no sea gritar y llorar.

Aparté los vidrios con las manos, y tomé el tuvo del teléfono fijo para llamar a casa de mis padres. ¡Tenía tono! Me daba ocupado. El olor a pólvora, el polvillo de mi casa, la pesadilla hecha realidad. Mucho humo, mucho humo negro. Tosí. Me daba ocupado. Hasta que comprendí que me estaba llamando a mí misma. Hice un esfuerzo sobre natural para recordar el prefijo y el número y después de -creo- dos tonadas, atendieron.
-Hola.-dice mi viejo con un envidiable tono despreocupado.
-Papi, el departamento…-le grité quebrada- Papá…
-¿Qué? ¿Qué pasó? ¡Dejá de llorar y explícame!
-Esta todo destruido… todo roto… se rompió todo… tiraron una bomba, no sé…
-Tranquila, ya voy para allá. Tranquila.
-Veni rápido, tengo miedo. -repuse sollozando.
-Cerrá las llaves de gas.
(Poco brujo mi viejo, ni sabía lo que había pasado, no había salido en las noticias.)

Caminé sobre el colchón de vidrios que inundaba cada pedacito del suelo, mis pies descalzos corriendo encima de ellos. Senti dolor en la planta de los pies, seguro me estaba cortando, pero no me importó. Los gritos ensordecedores aumentaron su volumen, mis sentidos se fueron recuperando recién a tres minutos reloj de la explosión. Los escuchaba claramente pidiendo ayuda, pero yo no podía ayudarlos, ¿qué podría que hacer? Rogaban desesperados que se quemaban….
Empecé a toser y a llorar más fuerte, ni cuenta me daba que tenía que irme de mi casa. Mi mente no llegaba a procesar la gravedad de lo que estaba pasando. Golpearon la puerta y sonó el timbre (¿Sonó? No estoy segura)
-¿Nadia?- Matías, mi vecino del noveno B.
-…
-¡Nadia! ¡Abrime la puerta!
-Si…-reaccioné.
-¡Nadia, carajo! ¿Estás herida?
-No, no encuentro las llaves…
-Apurate, porque tenemos que bajar. Esto se puede venir abajo.
No encontraba las llaves, que mierda loco. ¿Dónde volaron?
¿Qué mierda dijo? ¿Se va a derrumbar? No creo, no creo. No puede ser, es mi casa, no puede caerse así como así. No lo parece. Pensar todo eso en una puta fracción de segundo. Y tenía razón, mi edificio lo resistió. Qué lúcido es uno cuando tiene tanto miedo. ¿Y las llaves donde mierda están? Aparte con las manos la enorme cantidad de vidrios, adornos rotos, encontré un billete de cinco pesos, los aparté, impaciente. Me arrodillé sobre las astillas y por fin las hallé. El llavero de Boca, la pequeñísima Torre de Eiffel, el llavero de Madrid que a Bruno tanto le gustaba. ¿Cómo puede ser que algo tan pequeño como un llavero tenga tanta historia? Abrí la puerta e instintivamente abracé a mi vecino. El no estaba para abrazos, enseguida me apartó.
-Ponete una bata y un par de zapatillas. Ya tenemos que salir de acá.
-Bueno.
-Cerra tu puerta, la mía se la llevó, está todo roto. Debe ser porque es blindada.
-Sí.
-Apurate y ni si te ocurra a tocar el ascensor.
-¿Agarramos el celular?
-Voy a ver si lo encuentro, pero rápido.

Comenzé a bajar. Mierda, son nueve pisos. Me resbalé varias veces por el polvillo de los escalones, pero afortunadamente sin caerme. A mi vecino lo perdí en el octavo, se metió en cada departamento a ver si había alguien para ayudar. Unos huevos del tamaño de Francia.
Me dijo que siga, que me apure. Rápido. Ay ¿por qué se escuchan tantas sirenas? ¿Tan grave es esto que pasó? Siete pisos. ‘No se derrumba, no se derrumba, no tengo miedo. No lo tengo. Pero sí, lo tengo, estoy cagada en las patas….Pobre mi vieja, debe estar preocupada.’ Seis pisos. Me encontré con la viejita del sexto acompañada una mujer más joven, quién siempre la cuidaba. De unos 65 años más o menos. ‘La chica te ayuda, mira’, dice la mujer. Seamos sinceros: La chica quiere irse a la mierda porque no tiene pensado morir a los 26, señora. (Le ponemos humor, SÍ) La ayudé pero, ella no quiso, se quiso agarrar de la baranda. La vieja es sorda, así que se reía, no tomaba consciencia de nada. La envidié secretamente.
Mierda, se escuchaban gritos de abajo, creo que había gente rompiendo la reja del edificio. Mierda. ¿Se viene abajo? Mi celular amaga a sonar, pero enseguida se cortó, tengo más de 20 llamadas perdidas y se fue la señal otra vez. Son las 9:55. Cinco pisos. ‘Recemos un Ave María’, les propongo a las otras dos. ‘Dios te Salve María, llena de eres de gracia, el señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de vientre, Jesús.’ Y, en la mitad, me olvido como sigue. ¡Pero si nunca rezo, que me hago la católica practicante ahora! Mierda, lo que hace el miedo. Y la mujer me dice. ‘Bajá tranquila nena, nosotras estamos bien’. Cuatro pisos. Tres. No hay luz, creo que no hay luz pero se ve porque ¿qué hora es? 10:01. La concha de su madre, que tiempo infinito me hicieron perder esas dos para salvar mi vida. Dos pisos. ¡Está todo hecho mierda, los departamentos no tienen puerta, el ascensor, tampoco! *Nani, empezando a caer* ¡La puta madre, qué mierda es esto, el apocalipsis! ¡POR FIN LLEGUÉ A PLANTA BAJA! Había tres bomberos y un señor, con una corbata y una panza muy grande.
-¡Nena, salí de acá urgente, no podemos cerrar la llave de gas! Afuera te van a ayudar a…
-¿Qué pasó?
-Explosión de gas. ¡Anda afuera!- se inmiscuyó adentro a buscar gente.
No lo pensé dos veces. Salí y todo era caos. La calle Salta cortada, miles de curiosos mirándome. Giré mi cabeza y el edificio de al lado mucho fuego. Mucho fuego, mucho, como en las películas pero tan real que daba miedo. Nunca vi tanto fuego tan cerca. La calle llena de colchones, de pertenencias ajenas destruidas.
No me desperté, es una pesadilla. ¡Ya me voy a despertar, esto no nunca pasó! ¡Esto no me está pasando!
La gente me miraba, me rodearon, me preguntaron si estaba herida. Estaba SOLA. Sola. Me llama mi hermano… Se cortó varias veces. ‘Nadia, ¿dónde estás? ¿Dónde estás?’ Solo recuerdo que le dije llorando desesperada… ‘Ale, exploto todo, todo todo…’ No recuerdo que me dijo.
Se me acerca una de defensa civil o no sé qué, no estoy segura.IMG-20121206-00175
-¿Tu nombre?
¿Mi nombre?
-No sé.-Ella sonríe, comprensiva.
-Tranquila.- se va.
Sola, estaba sola. No había una cara conocida. Hasta que encontré una conocida de la facultad y me llevó al bar Anajuana. Me dieron un vaso de agua y al rato llegó mi hermano. Por Dios, nunca lo vi llorar así, que horror, estaba tan desesperado.
¿Qué pasó? Empezaba a tener lagunas de memoria a los pocos minutos.
Y después de eso… todo fue una sucesión de días tristes, horribles, confusos, de días donde me ahogo de miedo, y sueño con explosiones.
Dios mío, ¿qué pasó, barrio querido? La gente está triste, todo es tan silencioso. Nos pasó por encima una aplanadora. ¿Cómo y cuándo se supera esto? Porque como soy una ansiosa de mierda, quisiera sentirme bien ahora, pero no lo logro. Todo es muy confuso, muy triste, muy devastador, para digerirlo fácilmente.

Tengo parte del dolor atascado en mi garganta, en mis ganas, obstaculizando mis fuerzas. Tengo cascotes de familias amputadas clavadas en el pecho, tengo los nombres de esos inocentes pegados a mi lengua y a mi memoria. Tengo en mi alma, Mi Salta y Mi Oroño agonizando en el morbo de los medios. Tengo miles de ojos que me miran con lástima y hablan sin tacto, ni cuidado sobre mi casa y mi barrio. Tengo un puñal clavado en mi pecho, mis fotos, mis momentos ausentes de esas paredes que antes los contenían, los abrigaban. Mi colchón lleno de tierra, la muerte vecina, el constante desvelo, la angustia en la que me caigo, el precipicio de este desarraigo, mi cotidianidad derrotada, arruinada. Mi presente seco, sin techo.
Me quedé sin renglones, impactada al vacío. Desde ese martes, seis de agosto.

PD: Sólo podría agregar que, a pesar de haber caminado sobre los vidrios y sentir que me cortaba, no me hice nada, tengo los pies intactos. La psicóloga dice que es la adrenalina, pero yo lo llamo milagro.

Nani Nanita.

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Acerca de nanita87

Escribo para no morirme. Escribo como siempre, por lo de siempre: me estoy ahogando. La risa me salva. Le tengo respeto y milagro a lo que no llego. Soy un bicho raro adentro de una rubia de ojos celestes. Debería creer mas en lo que escribo. Me gusta encontrar otra cosa, mientras busco lo que creo que quiero.
Esta entrada fue publicada en A veces pienso, Filosofía Barata, Te extraño Salta y Oroño. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Ese seis de agosto

  1. Natalia dijo:

    no te voy a decir que me imagino lo difícil que debió haber sido todo lo que pasaste, porque a pesar de imaginarlo, es nada a comparación de lo que te pasó a vos, que tuviste que vivirlo. muchísimas fuerzas, realmente es algo que nunca vas a olvidar, por lo que debés aprender a vivir con ese recuerdo tan triste. horrible lo que les pasó a la gente que no tuvieron tanta “suerte” como vos, vos viste todo, pero estás “bien”, seguí adelante y sacale mucho provecho a esta nueva oportunidad que te dio la vida, hacé exactamente eso, viví!
    sabés que contás con nosotras, todas las conchus, que te vamos a leer siempre que lo necesites, te queremos!

  2. Solange dijo:

    Solo puedo decirte que esos recuerdos tan dolorosos nunca se olvidan, como Platense que vivio el 02 de abril entiendo la tristeza en los rostros de los vecinos que se mete dentro de nuestro pecho y el miedo que siempre acompaña a partir de ese momento, el mio a la lluvia, el tuyo las explosiones. Te acompaño y te envio toda la fuerza para que logres pasar el momento. Gracias por hacerme sentir en cada escrito tuyo, en este día acompaño con mis lágrimas. Fuerza y un abrazo enorme.

    • nanita87 dijo:

      Sol, que tristeza. Debe haber sido muy parecido lo que viviste, en cuanto a situación traumática y aterradora. Recuerdo lo que pasó en La Plata, me dolió muchísimo y recé mucho por todos los afectados. Te mando otro abrazo para vos y mil gracias por leerme. Nani

  3. Conchu dijo:

    La concha de la lora , Nani, me hiciste llorar . No tengo palabras, sólo quiero un vaso de agua y no tener escalofríos. Y quiero que tanto dolor no tenga que sufrirlo nunca nadie más . Te quiero, te quiero.
    Dora Lj

  4. Clau Castro dijo:

    Yo no he pasado por ese tipo de traumas, pasé por otros, más personales, más íntimos. Pero igual de dolorosos. Leí esta entrada y recuerdo que las sensaciones ante una catástrofe, del tamaño que sean, son las mismas. No estará herido tu cuerpos, pero cada una de tus terminales nerviosas esta shockeada. Y en ese hablar sin sentido de la gente, te sentís violada y violentada. Porque nadie sabe lo que pasó, excepto quienes estuvieron ahí, y bajaron esas escaleras, junto con vos, cómo vos. Es un infierno personal. Y créeme que va a llevar mucho tiempo que las llamas se apaguen. Y créeme que alguna te va a dejar de doler, aunque no haya olvido. Sólo seguí escribiendo. Seguí diciendo. Seguí largando lo que te salga. Seguí escribiendo. Envolvete en palabras. Y continua andando, a través de las esquirlas de vidrios adrenalínicos, a través de los recuerdos de ese día, de todos tus días. Un abrazo, desde el sur.

    • nanita87 dijo:

      Hola! gracias por tus palabras de comprensión. Me encanta tu manera de expresarte, en serio. Hay que seguir, como se pueda, de la mejor manera posible…!! yo pienso que hablar y sacar todo afuera, es la mejor forma de ir curando heridas. te mando un abrazo gigante desde Rosario

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