Fin de año…NO a las expectativas

Tips para este nuevo año que comienza…
No quiero llenar antes de tiempo el 2014 de expectativas, quiero tener objetivos humildes, aquellas cosas simples que me hagan feliz. Por ejemplo, 1) DISFRUTAR de los momentos, parece simple, pero ¿cuántas veces vivimos en piloto automático? En mi caso, muchas! 2) SER POSITIVA, me cuesta un huevo, a ver si lo logramos de una putisima vez :). 3) CREER en mi, creer que puedo. ¡Llamando autoestima! ¡Vuelve con mami pequeño escurridizo! 4) COMPRENDER Y ESCUCHAR A LOS OTROS,no encerrarme en mí misma. 5) SER MEJOR HIJA, MEJOR AMIGA ¡y mejor chonga! jajaj o mejor dicho ser chonga… ¡ouch! 6) PENSAR MENOS todo y actuar más! Menos palabras, más acción.  7) Ser más feliz y no TAN CONCHUDA. 8) AFLOJARLE UN POCO AL MELODRAMA, que de eso no se vive mierda. 9) NO olvidar QUE REÍR TE SALVA Y QUE LA VIDA ES MUY CORTA PARA ESTAR TRISTE.
Les deseo un año lleno de aprendizajes, de logros y buenos momentos. ¡Den lo mejor de ustedes y no se preocupen por lo que no pueden manejar! Eso es perder el tiempo!
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Desbalance de año

Desbalance de año

 

Después de haber rodado por la tierra

de haber hurgado entre tanta mierda

en la posguerra del amor…

Después de algún antes que no recuerdo

de estos labios que besan tuerto

de este esguince de corazón…

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En mi vano intento de analizar los sucesos de este 2013, lo primero que me nace escribir, es que siento que pasaron once años en uno. Por ende mi análisis puede ser el primo lejano de un texto que posea algo de coherencia. Aviso por las dudas. JE.

Que se yo. Este año fue una mezcla, un subi-baja, aunque más baja que subi, un torbellino de imágenes confusas, mi mente fallando después de agosto. Y me pegaron un tiro en el alma en julio.

Este año sustituí el azúcar por el edulcorante ¡y logré acostumbrarme, sí!, seguí discutiendo con mi ansiedad las locas ganas de fumar, me he sentido completamente alejada de ‘mis amigas de siempre’, empecé disfrutar otras cosas, otros lugares, antes impensados como refugio.

En el 2013 leí más que otros años: “Bienvenido dolor”, de Pilar Sordo, “El lado B del amor” Rolón, “Esta noche dime que me quieres” y “Perdona si te llamo amor” de Federico Moccia,  “Y ellos se fueron” (no recuerdo la autora, es una novela de época), “Poemas de amor” Pablo Neruda (Adoro la poesía). Y cada vez que leo siento que mi mundo se re-significa, que vuelvo a nacer, que aprender algo nuevo es algo que me llena de alegría, de vida. Que comprendo muchísimo más quién soy, cuanto más se, cuanto más lo aplico a mi vida…

Tuve en febrero un vano intento de ser ordenada, que aún conservo a medias. A mi favor podría argumentar que me parece sumamente orgásmico llegar de trabajar, o de la facu y sacarme el calzado y dejarlo tirado en la cocina. O el corpiño colgado en una silla, o en el picaporte del baño. Lo triste es que SOLO en esas pequeñas cosas hallo lo más parecido a un orgasmo. JA,JA,JA

En marzo, rendí una materia llamada Metodología de la investigación en comunicación. Por rumores de pasillo era muy complicada, los profesores jodidos. En fin, las perspectivas eran decadentes, pero milagrosamente fue la primer materia que aprobé por mi optimismo, sabiendo poco, pero convencida de que iba a poder. Y más que descontar una materia, aprendí que cuando puedo quiero. El problema es que se me olvida, muy seguido.

En abril logré hacer dieta durante un mes seguido, sumando actividad física. Otra vez mi fuerza de voluntad sorprendiéndome, alegrándome, y brindando frutos increíbles como cuando dejé de fumar. Estaba más buena que Pampita (boee.. manera de decir jaja) y me sentía muy bien con mi cuerpo. ¡Debo acordarme de esto!

En mayo me reencontré con mi sobrino, con sus manos chiquititas, con su inocencia, con su Mickey insoportable y cantante. Con ciudades y paisajes que provocaban ganas de escribir mucho, de soñar y hasta de enamorarme. Bruno y su energía,  sus ganas de saltar en la cama transformó mi mundo en una fiesta donde las mamaderas son un manjar y el puré es avioncito, y cualquier canción motivo de carcajadas, de sonrisas. Todo eso mientras leía a Rolón y a Federico Moccia. En mayo un enano de menos de un metro colmó aquellas noches de amor, observándolo dentro de su piyamita y morirme de amor, como nunca antes. Y en mayo también, como todo reencuentro, he tenido esas despedidas, esos dolores, agrios, amargos y también, dulces dulces…

Conocí la ciudad más hermosa del mundo, París. La ciudad a la cual me gustaría volver cuando esté enamorada, y ojala pueda cumplirlo, al paso que voy es medio difícil jjaja.

En este 2013, me he mareado de los boliches y los he dejado de lado. Los cambié por bares. ¿Habrá sido la crisis de los veintipico? Aunque ya esté más cerca de los 30… ¡ouch!

Este año he tenido menos sexo que un potus, pero he sufrido menos porque no me enganché con ninguno, porque no dejé entrar a ninguno. He cancelado todas mis posibilidades por temer el fracaso. Porque no estoy preparada para que un tipo me vuelva a mentir, estoy asqueada de tanta rata inmunda, de tanta mentira, de tanto hombre equivocado suelto por ahí.

En junio, bueno, estaba en plena crisis personal. Sentía que no había nada bueno para mí. Se me fue el optimismo al carajo y me empecé a deprimir, a hundir lentamente, si seré conchuda.

En julio la vida me dio un palazo terrible, se me fue alguien a quién yo estimaba mucho. Y de repente la muerte se hizo presente para recordarme con muy poca pedagogía que esta existencia es limitada, como todo, como la vida misma. Entonces mi dolor por esa partida, me hizo entender que debo perder el miedo a perder el control… porque nunca voy a poder controlarlo todo. ¡Maldito afán cartesiano de sociedad moderna!

En agosto… ya saben, la explosión de casi todo mi mundo. El derrumbe de todas mis esperanzas, de lo único que tenía. El encuentro con el caos, con la nada misma. No tenía laburo, no me había recibido, no tenía dinero, no tenía sexo jajaja. Lo único cierto era MI CASA. Mi hogar, el refugio de todos los días, el abrigo, sus paredes. Y el 6 de agosto lo perdí, salí de mi casa de un modo horrible… con suerte de permanecer ilesa, de estar viva. Por fuera, claro. Por dentro, a veces tengo amnesia, a veces mi mente rebalsa de recuerdos vomitivos, aterrorizadores, imposibles de traducir a un lenguaje corriente. A veces vuelven las pesadillas, los dolores, los esguinces de corazón, las marchitas flores. A veces todo otra vez, es dinamita, a veces se vuelven a morir esas personas… en el afán de re-significar tan terrible episodio… de comprenderlo de una vez, de darle un punto final.

Septiembre fue un mes horrible del ‘después’, de las consecuencias de tanta mierda; reconstruí otro hogar, muy cerca del anterior, del cual había quedado inhabitable, destruido, al igual que yo… y tantos otros afectados.

Septiembre fue mi primavera rota, mi mudanza bajo la lluvia, mi dolor petrificado, aceptado, cortándome. Fue ver quiénes estuvieron ahí conmigo, y quiénes se borraron.  Mi herida a flor de piel. Septiembre fue una tajadita de luz cuando apareció un trabajo para dejar lastimarme tanto con pensamientos de mierda…

El sábado 5 de octubre donde la Esperanza, o Esperanzo en este caso… llegó a mi vida. Hopito, una gatita de tres meses, el cual fue gatitO. El llenó de vida mis días, me colmó de un amor tan puro que yo no conocía, porque yo lo salvé a ella dándole un hogar y el me salvó a mi convirtiendo mi nuevo departamento en un hogar…

Debería reconocer que después de julio y agosto ya nada fue/es/ni será igual. Sin embargo, a pesar de tanto dolor y desconsuelo, aprendí tantas cosas este año.

Aprendí que por ejemplo, que cada episodio, hecho, o acción tienen un ángulo donde son perjudiciales, que nada es totalmente beneficioso, ni totalmente perjudicial. Que los extremos no existen, que nada importa demasiado, salvo que estamos vivos.

Aprendí, que el dinero no te hace feliz, solo te da comodidad. Que la sonrisa de todos los días es importante, porque sino se transforma en un día perdido, en un día menos, en un día más sin ser aprovechado. Que está bueno festejar los cumpleaños, sacarse muchísimas fotos, capturar momentos, apropiarlos, no olvidarlos jamás.

Aprendí que los recuerdos, o la forma en interpretamos los hechos del pasado vienen con un agregado de felicidad, haciéndolos parecer perfectos, por eso el pasado siempre se percibe como algo mejor que el presente.

Aprendí que es genial permitirse comer un chocolate sin culpa, mandar a la mierda a la gente que no merece nada de nosotros, escuchar una canción de los quince, creer que podemos lograr nuestros sueños, mirarse al espejo y pensar que somos lindas y atractivas, que el amor propio es esencial para poder querer a los demás.

Aprendí que a veces es sano bajar las expectativas, no auto-exigirse tanto, no estar dándome con un caño las 24hs del día por todo lo que aún no logré.

Aprendí que nada es tan insalubre que negar la realidad, que hay que aceptar las cosas como son, que el tiempo que se va y no vuelve, y que la vida sobre todo es muy corta para estar triste.

Aprendí que la muerte no solo es la contracara de la vida, sino su mismo límite. Que muchas cosas giran alrededor de ese misterio, del más grande del mundo… que estamos expuestos a ella a todo minuto, a cada instante.

Aprendí que sobrevivir a una tragedia, no es vivir ya de la misma manera, sino replantearse casi todas las convicciones que antes guiaron mi vida.

Aprendí del desgarro de perder a alguien querido de forma abrupta, prematura, injusta. Aprendí eso, que debo ajustarme a la vida, porque la vida es injusta. Porque los acontecimientos no saben de piedad, ni de justicia, ni de bondad, simplemente pasan y debemos aceptar sus consecuencias.

Aprendí que los merecimientos no existen ante esa fragilidad a la que estamos expuestos todos los seres humanos. Nadie merece quedarse sin un hijo, sin un padre, sin un abuelo, sin un hermano, pero pasa porque es el costo de vivir, porque toda vida tiene un fin.

Aprendí que el costo de vivir en cierta forma es ver morir a los demás, es soportar ausencias, desilusiones; el costo de vivir es fracasar, perder, que un amor nos defraude, quedarse sin laburo, que un amigo nos traicione, que un trabajo nos salga mal. Aprendí que a pesar de hacer todo bien, igualmente las cosas pueden salir mal.

Sin embargo estoy convencida que vale la pena estar acá, vivir la vida, luchar cada batalla, disfrutar cada momento, sentir cada palabra.  Tiene sentido cada disputa, cada dolor superado, cada herida cerrada, cada cicatriz compensada con un nuevo amanecer, cada carcajada con amigas, cada segundo donde abrazás a tus padres, a tu hermanos, a tu familia, donde existen las bromas, donde soñás con tus sueños, cada paso dado por el título que tanto esfuerzo te costó conseguir. Tantos meses de ahorro para comprarte aquellos zapatos que te hacen sentir princesa….la vida tiene sentido porque es hermosa, cada detalle la hace inmensa, graciosa, entretenida. Porque esforzarse vale la pena, porque el humor te salva del dolor, porque escribir es un acto de fe incomparable, porque las palabras, porque las comidas, porque todas las sensaciones, porque el abrazo, el beso, la caricia, la sonrisa, porque las ilusiones, porque los libros y las oraciones. Vale la pena luchar por lo que vale la pena tener.

Les deseo un buen año para todas. GRACIAS chicas, conchudas mías lindas, por cada palabra de consuelo en este difícil año que me tocó. Nunca voy a olvidar, fueron un gran apoyo para mi y lo agradezco profundamente.

2014, allá voy. No prometo nada, sólo dar lo mejor de mi.

Nani Nanita.