Mi soledad y yo


Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo.

Va dedicado especialmente a las personas solitarias.

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Bersuit vergarabat dijo que por las noches desesperaba, para Joaquín Sabina era una amante inoportuna, Fito aseguró que era una droga dura que no te dejaba sostener los ojos fijos en el televisor ni el mundo bajo tus pies; Laura Pausini le puso de nombre soledad a una canción donde la laucha de Marcos se fue al carajo y la dejó re pagando. Ale Sanz la usó de compañía para escribir “Mi Soledad y yo”, casi personificando a un castigo extra natural como souvenir de un amor que lo había dejado. (Y de japa, le dio título a esta nota, pero él no lo sabe jaja) 
Todos los temas mencionados tienen algo en común. Que la soledad es horrible, hasta la palabra tiene un tinte fonético a melancolía, a tristeza, a conchudez mal curada… (¿se cura la hija de puta? Creo que no, jajaja) En fin, todos la ven como una reverenda mierda, y lo entiendo, porque en su misma definición, está asociada a estar vacío y sin nadie alrededor, pese a necesitarlo.
Creo que sentir soledad no significa padecerla. Generalmente se asocia la soledad con soltería. No siempre es así, a veces no tenemos pareja pero estamos rodeados de seres maravillosos. A veces la soledad no se trata de un par, sino de un amigo, de una madre, o de un padre. A veces la soledad es ausencia. Mi única soledad es ”conyugal”. Dejaremos el tema del sexo aparte porque tampoco tengo. (ja,ja,ja) Con mi familia tengo millones de diferencias y unas trenzadas discusiones donde nos mandamos a la mierda, pero los amo profundamente, y lo mismo me pasa con los amigos que tengo, los que veo a veces, y los que veo siempre. También mis amigos virtuales, que saben darme perspectivas diferentes de mi vida, me ayudan a mejorar. Cada persona, por alguna razón está presente en mi día y me hace sentir menos sola.
Lo cierto es que hay cosas que te da una pareja que son irremplazables. No hablo de la cursilería barata de las novelas, hablo de cosas reales. Alguien que te ayude a volver a tu eje y te haga crecer y creer, una persona en la que puedas haber construido la suficiente confianza como para mostrarle tus miserias, lo que te duele y avergüenza, sin tapujos, sin miedos. En una palabra, alguien que no desplace a tu soledad, sino que acepte tus momentos a solas con vos mismo, y te de espacio para dejarlos ser. La pareja sin ese cimiento no tiene sentido alguno, es una mentira.
Para lograr construir un vínculo sano en pareja (al menos, en el sentido en que yo concibo una pareja de verdad), es indispensable saber y aprender a estar solo.
Para mi saber estar sólo es poder bancarse emocionalmente, por el contrario de “estar desamparado”. El que sabe estar solo puede con todo.

Saber ser “tu propia ayuda” –parafraseando al maestro Cerati – en momentos desfavorables. Descubrir cuándo hay que parar, conocerse los límites y las filosas verdades, narrarse por dentro, encontrar algo nuevo, porque al fin y al cabo el interior también es explorable. Saber estar solo es prescindir de esa dulce voz paternal, consejera y paciente que te diga “Basta, no te auto flageles más pensando boludeces, salí a correr, despejate y querete un poco” .

Cuando esa voz que nos salva, que nos mueve a estar mejor, o a hacer algo bueno por nosotros mismos, cuando esa voz proviene de nuestro interior, significa que el amor propio EXISTE y es real, y no estás en soledad. Estás solo, y sos feliz estando solo con tu propio amor. Ese amor es el que puede brindarse a otro y está listo para recibir más amor de otra persona que también tenga algo propio para dar.
Yo no estoy sola. Me siento sola en ocasiones cuando no tengo con quién planificar ciertas cosas o con quien hablar de la vida, , y de las novelas que quiero escribir, por ejemplo. Me siento mal con mi soledad cuando me falta, esporádicamente, un oído que me escuche hablar de mis sueños borrachos y dulces de ser escritora de cuentos infantiles o guiones de novela. Igual me encanta hablarle a mi gato, eh. Me siento sola, cuando dudo de mi y de mis capacidades. Pero solo dura un momento y después esas inseguridades se apagan.

Entonces comprendo, después de muchas reflexiones conmigo misma, que no estoy sola o mejor dicho, que estoy sola porque puedo. Porque me alcanza el enorme mundo interior que me acompaña. Tengo mi casa, a la que amo y es mi refugio, tengo mi trabajo, tengo mis momentos, mis libros y mis frases, mis textos, mis cuadernillos, mis amigas, las miles facetas del humor, y no sigo porque ya hice un Inventario de mi felicidad hace un par de años.

Lo que me asusta de mi soledad es que mi modo de vida es diferente al del resto. Vivimos en sociedad y la gente va enyuntada a todos lados: cine, comidas, entretenimiento, todo implica o debe ser de a dos o de a más de uno. . Voy por la calle con mis super lentes de menos seis de miopía, siempre con el rimmel a cuesta, maquillada, perfumada, con mi cartera llena de libros y alguna chuchería que de “contrabando” me compré. Me siento en una mesa de un bar, saco mi cuadernillo y mi lapicera y después de pedirle un te a la moza, me pregunta si espero a alguien. <<Si, espero un hombre que nunca va a llegar>>, pienso melodramáticamente. “No, no espero a nadie.” Le contesto. La sociedad sugiere todo el tiempo un deber ser con alguien: planes, familia, hijos, camioneta y perro labrador. Y suena tan bien cuando imaginamos, sonaba tan lindo a los doce años, que en la vida real los intentos frustrados de alcanzar el sueño dorado, son una reverenda cagada. Me encantan las criaturas, pero viste, que se yo, no tendría cuatro pibes. Creo que después del primero no me enganchan más. ¿El amor es para siempre? No se, el de mis viejos pareciera que sí. 
Resumiendo, no padezco la soledad, padezco la sociedad… para ser más exactos, el lugar social que el estar solo ocupa. Un lugar completamente ninguneado. Todos te tienen pena, pero ninguno de ellos sabe estar en tus zapatos, ninguno sabe estar solo o sola…

Hagamos catarsis.

Quiero confesar que soy feliz con mí “estar sola”. Soy Nani, tengo 28 años, alrededor de tres boludos en mi prontuario amoroso y otros en lo sexual. Me enamoré perdidamente de uno de esos tres, y me enganché con el resto, y después quedé sin muchas ganas de volver a intentarlo, justamente porque no tenía el combustible principal, amor propio.
Soy una persona solitaria, me encanta correr maratones y volver y que nadie me espere al final de la meta y tomarme mi Gatorade sola, y que el resto me mire como un si fuera un tiranosaurio rex cagando en el living. Me gusta cantar mientras limpio (ladrar), andar en pelotas por mi casa en verano con aire acondicionado, depilarme en la cocina, leer los portales de noticias digitales mientras tomo mi café matutino, dejar todo tirado cuando estoy apurada porque total nadie lo va a ver.
No tuve relaciones largas, ni noviazgos de añares, pero tuve y tengo otras cosas. Todavía no aprendí a estar en pareja pero si a estar sola y probablemente es lo más difícil.
Me enamoré muy tempranamente, me enamoré de ‘escribir’, a los cinco años. Vuelco mis inspiraciones repentinas en e-mails que me auto-envío. Canto horriblemente mal y mi voz es grave, pero me consuelo cuando me dicen que mi voz es de locutora. Planeo hacer vacaciones sola, pese que todo el mundo me esté señalando con que “es aburrido”. Me pinto los labios en el ascensor cuando estoy apurada, hago compras hablando al pedo con las vendedoras, conozco a todos mis vecinos y grito los goles de Boca como una enferma desaforada, y si, los grito sola.
Soy Licenciada en Comunicación Social, me cabe el melodrama muy seguido, trabajo todos los días dignamente, y tengo matrícula de productora asesora de seguros. Cree los 56 grupos y él fue objeto de mi tesina final de grado. Amo leer novelas de amor que en la puta vida voy a vivir, pero me hace feliz verlas y leerlas. Soy rubia y de ojos celestes, pero adentro hay un especímen raro que prefiero nombrar en tercera persona porque me parece más divertido. Tanto yo como bicho raro tenemos de mejor amigo a un hombre, nuestro padre, al cual amamos profundamente, es el mejor hombre del mundo. De pendeja tenía una amiga imaginaria que se llamaba Budy. La extraño un poco. Probablemente desde ahí ya era un bicho raro jajaja.
Estoy en plena construcción de mi amor propio, pero cada vez más enamorada de este viaje que llamamos vida.

No se olviden nunca:

Tener opciones es tener poder. Elegir es tener poder. Cuando te das cuenta que conformarte no es una obligación ni que estar solo/a una alternativa sino una elección, tenes todo el poder del mundo en tus manos. No todo lo que nos pasa en la vida tiene que ver con una historia de amor con otro, sino también la historia puede ser con uno mismo.

Hay que ponerse de novio con la vida.

Gracias por leerme.
Licenciada Nani.

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