Diez kilómetros

Diez kilómetros

Y un día después, de la tormenta,

cuando menos piensas sale el sol.

Tanto sumar pierdes la cuenta,

porque uno y uno no siempre son dos.

Hace solo un año miraba esas personas que hacían ejercicio por calle Oroño desde mi balcón, y las sentía a kilómetros de mí, de mis capacidades físicas. No es novedad esta sensación. Siempre me encerré en ese calabozo de sentirme incapaz, como si fuera una sentencia mortal. (Les dejo una tarea: piensen en que ustedes se consideran incapaces y porqué.)

Se me hacía inverosímil solo pensar en correr una cuadra. Aún habiendo dejado tanto a mi ex, el cigarrillo; mi amante de palito blanco y camel, que me consolaba de todas mis carencias y me daba la compañía cuando incluso hasta yo misma me dejaba sola. La idea de hacer actividad física me deprimía.

En octubre de 2014 me mire al espejo y me di cuenta que este pedía un ORDEN de forma urgente. Estaba pesando 66 kilos. No era obesa, claramente, mi talle era 42, pero no me quedaba bien la ropa. Llevaba 1 año y 3 meses sin fumar, y  eso ya no podía ser una excusa para seguir agrediéndome con la comida. Mi alimentación era un desastre y solía auto flagelarme comiendo una cantidad de harinas y grasas saturadas para consolarme de los cigarrillos que no me fumaba.11903846_926846644054516_6073590172031929500_n

Decidi por fin a empezar el nutricionista, necesitaba un cambio urgente. Recuerdo que fue un miércoles la noche previa al turno con el Nutri y ese mismo día me comí mi último plato de ñoquis. Me imaginaba escribiendo una revista femenina, de esas bien frívolas, “COMO SOBREVIVIR SIN PASTAS fascículo 4”.

El nutricionista me pidió de forma excluyente para bajar de peso, que caminara 1 hora por día. Cuando me solicito esto comer como una persona normal y no como una enfermita, me pareció pan comido, paradojalmente no. Era necesario pedirme hacer un esfuerzo físico, aparte de privarme de los chocolates que comía impunemente. (¡HDP!)

Después de varias caminatas el cuerpo me pidió más. Caminar término siendo insuficiente, mi cuerpo me pedía más.

Hoy, después de correr 4 maratones de diez kilómetros (ni yo me la creo), me siento afortunada de haber tenido la visión que tuve, de elegir cuidar mi salud, dejar el cigarrillo y sobre todo… animarme a correr.

Acá les comparto mis sensaciones en mi ultima maratón.

Largada

Sin tener claro el motivo, siempre empiezo una maratón con Sale el sol, de Shakira, o con cualquier tema movido de Shakira, como por ejemplo Loca. Porque verdaderamente, debo estar loca por hacer esto de nuevo, ¿por qué no estoy en mi casa, mirando la tele y comiendo como cerda? Por que amás los desafíos. Dice la voz. (Algún día ahondaré en detalles sobre “La Voz” que habita en mí, les juro que es una hija de puta.)

Kilometro 1 y 2 En general, los pasas sin darte cuenta, porque ni siquiera suelen señalizarlo. Supongo que debe ser algo psicológico. Después del primero, voy sintiendo los primeros síntomas de cansancio. Y por cansancio entiendan que maneje mal el aire y estoy agitada. Que arranque muy por encima de mi capacidad pulmonar o física. Que soy una ansiosa del orto y siempre hago lo mismo y me canso al pedo. Cumbia para incitar. ♫ Humíllate, dime que no vales nada, que tu mundo he sido yo ♫

Kilometro 3. Respira, inhala, exhala. Miro mi reloj, estoy en 178 pulsaciones, ¿cumplí 80 años y no me di cuenta mientras corría? Empieza “el Perdón”, de Nicky Jam y Enrique Iglesias. Versión remix. Excelente. Como me gustaría estar agitada por garcharme a Enrique, papetoh. El martes tengo que ir al dentista. Me consuelo pensando que no saldré a correr nuevamenteIMG_20151005_145857 hasta las próximas 48 horas. Lunes, descanso. De hecho creo que no salgo nunca más, me duele todo. Ay, tengo una ampolla en el pie, la puta que madre que los pario. La gente de los costados te alienta, te dice que podés. Y tienen razón, porque puedo, aunque ya me sienta muy cansada. Me emociona que me alienten, me emociona que haya gente generosa. “Pase lo que pase, no debo llorar, ni reír, porque me voy a agitar más.” jaja

Kilometro 5 y 6

Bueno, esto lo tenemos cocinado. Recorrí más de la mitad. Estoy cansada, me duele el cuello y la espalda. Ya no estoy agitada, las pulsaciones bajaron a 162. ¡Bien por mí! No sé cómo voy de tiempo porque encendí el reloj en el pre calentamiento. De todos modos, creo que soy la última, no queda nadie a mí alrededor o estoy muy en el medio del circuito. Da igual. Si soy la última, al menos me van a aplaudir. Me río y las pulsaciones aumentan. Jajaja, que boluda. Otra vez el ejercicio, tomo agua, inhalo, exhalo, inhalo, exhalo.

¿Cuando mierda llego al kilómetro 7? SON ETERNOS LA PUTA MADRE!  “tanto sumar, pierdes la cuenta…”

Kilometro 7.

Suena “Todos me miran”, de Gloria Trevi. Vamos a los pro: las piernas no me duelen, porque directamente no las siento. Salvo la maldita ampolla del pie derecho, pedazo de forra, ella quiere que frene, de hecho habla con vos finita de los dibujitos animados del 90.

El cemento te come las piernas, pero en realidad sé que no puedo frenar, no voy a frenar aunque me sienta tentada a hacerlo. Hay algo muy fuerte que me impulsa hacia delante, y que aparece en este tramo para ayudarme a seguir. No sé si son mis piernas o es mi mente. Es una energía sin nombre, sin rostro, incorpórea, es algo misterioso que ni yo sé de donde viene, si de adentro mío, o si viene del cielo (y qué cursi sono eso, por dior).  <Tengo que escribir sobre esto>, me anoto.

Kilómetro 8. No puedo quedarme sin aire, estoy en el planeta tierra y puedo respirar. Inhalo, exhalo, tomo agua, inhalo, exhalo. Me duele el tobillo izquierdo, lo muevo un poco. Suena un temazo “Arriba la vida”. Y no te deprimes, tira para arriba.♫

Kilómetro 9.  Me desanimo, falta demasiado para el resto de energía que tengo. El aura del kilómetro 7 se ve algo borroso, incierto. La resistencia cae en picada, se va apagando, inexorablemente y no puedo retenerla. Me frustro pero no freno, respiro nuevamente, me miro los pies, miro la línea de ese cemento cruel, que me está arruinando las pantorrillas, me duele la cintura. Bajo un poco la velocidad y pongo en blanco mi mente.

Hay aire, no puedo quedarme sin aire en el Planeta Tierra. Estoy cansada, ya no puedo más. “Deberías entrenar mas para llegar mejor” aconseja La Voz. “Matate, conchuda”, le contesto.”Es tu cuarta maratón, y en todas decis que vas a escribir todo esto que pensas y no lo haces, deberías hacerlo…” Voy a escribirlo. Me voy recuperando de la frustración pero estoy cansada. Un nene me dice que no frene… Me olvido de mi cuerpo, es mejor olvidarse que habito en él o voy a frenar del cansancio.

Entonces por fin solo la energía misteriosa la que me impulsa.

Es que no sé a qué le debo haber llegado hasta acá.

¿Corres con la mente o corres con el alma, o corres con las piernas? ¿Corres con los recuerdos o con los olvidos? ¿Cuál es la versión de mi que logra hacer esto? Y me responde “La Voz”: Corres con los recuerdos y con el dolor que pudiste superar. Se me viene una imagen de mis sobrinos. La explosión, mi casa destruida. Mi viejo diciéndome que soy la persona que más ama en el mundo. La voz de una amiga que me dijo “No puedo creer lo fuerte que sos”.

Sos fuerte, y lo sabés dice La voz.

Faltan 300 metros.

Comprendo que lo esencial es no mirar atrás, no importa si llegas ultima, porque no competís con el resto. Hay una décima de segundo donde siento mucha esperanza, de que voy a lograr todas mis metas. De que definitivamente, puedo… con mis fantasmas, con mis obstáculos, con mis miedos. Esos segundos son impagables, porque uno se siente realmente poderoso.

Las maratones son como la vida. Solo hay que seguir mirando hacia delante y no detenerse. Porque detenerse es rendirse y rendirse, es perder.

Entonces llegas POR FIN y el alivio llega a tu cuerpo… entonces te dan una medalla. La gente te abraza y te felicita, aunque ni siquiera te conozca. Cuando menos piensas, sale el sol…

Me tomo la Gatorade para que dejen de temblar las piernas, te sacas fotos y estirás. La fuerza que te acompañaba sigue… y entendí por fin porque vuelvo a correr diez kilómetros una y otra vez.

Los que corren saben de que les hablo… los que hacen un deporte, también.

GRACIAS POR LEERME.

Licenciada Nani

Sin título

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Acerca de nanita87

Escribo para no morirme. Escribo como siempre, por lo de siempre: me estoy ahogando. La risa me salva. Le tengo respeto y milagro a lo que no llego. Soy un bicho raro adentro de una rubia de ojos celestes. Debería creer mas en lo que escribo. Me gusta encontrar otra cosa, mientras busco lo que creo que quiero.
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