Muy lincenciada (y con diploma)

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Cada parcial rendido, cada final donde salías hecha bolsa porque te bocharon, cada buena nota, cada noche revisando apuntes, fumando como loca, con una sola idea “un paso menos para recibirme, y uno adelante para recibir el titulo”.
Cada frustración, cada vez que pensé “Dejo todo, estoy harta de clavarme estudiando todos los fines de semana”. Cada vez que me arrepentí porque estudiar y formarse vale la pena.
Cada abrazo de mi papá después de una materia rendida mal. Cada festejo de mi vieja cuando aprobaba. Cada palabra de aliento de tantos compañeros. Cada examen. Cada dolor causado cuando no me ocupaba como debía.
Cada vez que una materia me apasionaba con el alma y la explicaba con fervor. Cada vez que una clase me convertía en alguien mejor, me abría la cabeza hacia nuevos mundos.
Un día, llega el momento que habías esperado toda tu vida. Un día lográs lo que nunca pensaste que no lograrías. Un día de repente, es el día en que podés. Un día te sentís capaz de verdad de PODER, te convencés, y esto debe ser una prueba en mi vida para todo lo demás.
Luchen, esfuércense, vale la pena, la alegría, el llanto, el furor, el canto, el abrazo, la tristeza, el festejo, la harina, los huevos en la cabeza, los nervios, los apuntes sobre la mesa, los enredos, los profes odiados. Vale la pena cada instancia de la vida.
Créanme que esa instancia mediadora es tan gratificante como cumplir el objetivo y cerrar un ciclo.
GRACIAS a cada una de las personas que formaron parte de esto.
Licenciada Nani

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