Lo contrario de vivir es no arriesgarse

 

Habrá que desempolvar

el disfraz de valiente

y salir a tropezar

Hoy en el día del escritor, estoy orgullosa de colgar una nueva nota. ¡Feliz día para todos los que me leen!  Sin ustedes no podría cerrar el circulo de catarsis. ¡Gracias! ♥

Hoy vengo a hablar de los miedos.

Tenía seis años y rompí un vidrio con la pelota. Era una pelota de ‘volley’. El vidrio se resquebrajó en tres pedazos y fue la primera vez que tuve miedo de que mi vieja me instale una zapatería en el orto. Le eché la culpa a mi amiga imaginaria llamada Budy, pero ella me apuntó con su dedo pulgar haciéndome responsable de aquella accidental travesura. Conchuda hija de puta.

Un par de años después, tuve miedo al dolor. El único concepto de dolor que conocía: el dolor físico. El dolor de rasparme la rodilla y que algún doctor satánico se le ocurra ponerme rifosina y sufrir del ardor.

Cuando tenía trece, leí en un libro que el miedo era beneficioso porque ayudaba a detectar los posibles peligros que acechaban en la vida. En ese momento me pareció perfectamente definido.

Hoy puedo decir que en parte es así. Hace poco leí un tuit que expresaba que “el miedo es eso que te frena ahí donde no tenés ningún obstáculo”. Coincido literalmente en lo que dice. En realidad, no hay obstáculos para jugarse; no a simple vista. Hay una meta, un deseo, o un anhelo que queremos alcanzar y pareciera que sólo depende de nosotros. El tema es que alrededor hay un sinfín de posibilidades que solemos llamar riesgos. 

Cualquier cosa que decidamos, cualquier paso que demos, nos cambia el rumbo. Nos guiamos por lo que sentimos, o por el deber, pero lo cierto es que nunca sabemos dónde nos llevara ese paso ni las miles de vicisitudes, o hechos fortuitos que pueden traer consigo.  

Hay consecuencias de cualquier tipo de decisión que tomás, que pueden afectar a los demás para bien o para mal. Las posibilidades son tantas, como las consecuencias. Una parte de la otra, una es hija de la otra.

Le tememos a todo ese abanico de posibilidades que nos puedan afectar para mal. Los obstáculos en principio son estadísticos, mentales, probables. No lo sabemos. Es la incertidumbre de la vida misma. Lo importante es tener claro eso. Es mejor no hacer sentencias antes de tiempo.no-miedo

El miedo a los riesgos es casi una condición innata. Pero cada uno se hace cargo de sus propios miedos y lo que decide hacer con ellos. Para mí, el miedo es el miedo al miedo. Existen tantos miedos como imágenes tiene un caleidoscopio. El miedo a sufrir, el miedo al fracaso, el miedo a la decepción, el miedo a decepcionar, el miedo a no ser suficiente, el miedo a no poder, el miedo a mostrarnos como somos y quedar como unos idiotas. El miedo a morir (uno del que se muy bien, porque ese 6 de agosto, supe cuan vulnerables somos a la parca).

El miedo, ese miedo que te frena, es una duda atroz. Más de una vez, no sabía con quien quedarme, y me quedé con la duda. Hoy creo fervientemente por miedo no te arriesgas, la duda es una tortura. La duda de no saber que hubiera sido. La duda es preguntarse si el miedo que te detuvo era tan justo como tus ganas de intentarlo. La pena de quedarte con el no y no ir por el si. Las estadísticas previas, a veces basadas en el mismo auto boicot de nuestra mente traicionera. 

¿Cómo saberlo? ¿Cómo saber si es auto boicot o sentido de preservación? Justamente por eso digo que los desafíos implican una enorme incertidumbre. No hay forma de saberlo, pero no hay peor karma es que quedarte con la duda por el miedo de arriesgarse.

El miedo es duda y la duda tortura. Por eso, hace un tiempo que decidí tirarme a la pileta con algunos asuntos haciendo un análisis de las condiciones contextuales. (Me descargahago la analítica. ¿Quien sos, pokemon? jajajajajaja) 

Para no quedarme con la duda decidí jugármela cada vez por lo que siento. Decidí vencer los miedos, y hacerme cargo de verdad. Decidí sacar el disfraz de valiente y salir a tropezar. Decidí ser yo misma en todas las circunstancias, siempre y cuando no termine en cana. Decidí vencer el miedo a decir lo que pienso y a mostrarme como soy, pese a que lo que represento no pueda parecerle correcto al resto. Me animé decir quién soy. A enviar un mensaje si realmente quiero hacerlo y no restringirme por orgullo (si, por dignidad, todo tiene un límite, vale la salvedad). Cuando quiero demostrar, demuestro. Cuando quiero enviar un chiste, lo envío. Cuando quiero compartir algo con alguien, si me dan espacio, intento compartirlo.

Voy perdiendo poco a poco el miedo a ser yo. No sé cuando me animé, pero dosificadamente lo voy logrando.

El miedo en su extremo ya es fobia. El miedo te detiene, pone un manto sobre lo mejor de vos, ocultándolo. El miedo a ser uno mismo oculta tus virtudes, te encierra en una fachada, en una máscara que te lastima, te estandariza frente a los demás. Te ciega frente a la meta y te hace ver a los obstáculos más grandes de lo que son. Te hace ser vulgar, fraguado, y hasta mentiroso. Le vendés al resto alguien que no sos.

Los miedos son una barrera invisible que te nubla las posibilidades. Los desafíos se pierden antes de empezar, porque agarraste a cuchilladas la esperanza. El futuro esta sentenciado con el peor de los pronósticos y el presente se torna de un gris interrogante, “¿Que hubiera sido si me la jugaba?”

Tampoco es cuestión de salta al vacío, como globitos inocentes se acercan al cactus. No hay que llevarlo al extremo, porque sería un pasaje de ida al país de las conchudas. Pero sí, no estamos en edad de quedarnos con las ganas. La vida es hoy, muchachas, y si hay, muchachos… (¿Los conozco de algún lado? ¿Están solteros? Jajaja)

El miedo es como el fuego, hay que atravesarlo, quizá te calienta (excelente jaja) o tal vez te quemás. Pero me quedo con la nariz rota de darme la cabeza contra el tapial, antes de no saber que hubiera sido.miedo6.jpg

Sean siempre ustedes mismos, y si pierden, pierden su ley. Avancen con cuidado, pero con fe, sean fuertes, juéguensela. Cuesta, da pavor, pero lo vale. Vale más perder que la duda atroz. Vale más creer y que después te decepcionen que no haberlo intentado jamás. No importa el prontuario que tengan, no importa si ya te arriesgaste y perdiste mil veces. Soltá el autoboicot, cree en vos.

Jamás voy a volver a quedarme con la duda, es una mierda hacer eso.

Magia es creer. Sobre todo creo en que soy una conchuda. Magia. 

Lo contrario de vivir es no arriesgarse.

Y ustedes, ¿qué quieren ser cuando se animen?

Cualquier cosa, después buscamos ‘La Gotita’ para reparar el conchudómetro. 

 

Gracias por leer

Licenciada Nani.

Siendo conchuda, y cobarde desde el 4 de agosto de 1987 y hasta acá llegué con la fucking cobardía.

Que ganas de coger, ¿no? jajajajajajajaja

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La oportunidad renga II

Ha sido divertido, me equivocaría otra vez.

Como Cupido tiene reservado un cesto de oportunidades con diferentes patologías, acomodadas estratégicamente en mi vida amorosa, esta nota es la secuela de la Oportunidad renga 1, protagonizada por mi y el Señor Tofi.  Y dirigida por Dios, que me detesta.  Esta vez, me encontré con una oportunidad renga muchísimo más interesante de lo que fue el Señor Tofi.

Vamos a decirle ZZ. Nació 1988 bajo el signo de Leo, es ingeniero ¿industrial? No me acuerdo, pero es Ingeniero. La cosa olía mal de entrada, los ingenieros no me dan confianza y convengamos que la rata uno era (es) ingeniero. Son demasiado metódicos para mi espontaneidad de Licenciada. (¿Me fui al carajo?)

Nos conocimos por amigos en común. La primera vez que nos juntamos, fue un viernes, el día que lo conocí descubrí que teníamos muchas cosas en común. Lo realmente alarmante es que yo seguía sin flashear con una escena de sexo desenfrenado. Digo alarmante, porque cuando me gusta un chabón, enseguida me imagino garchando como perra en celo, pero él fue la excepción. Cuando llegue tenía un mensaje de él. De verdad que no lo esperaba, y descubrí que me gustó, sentí que podíamos llegar a ser amigos. (Lo digo en serio, ninfómanas jajjaajaja)

Pasaron los días y seguimos hablando. Sin coqueteos, ninguno. Siempre chistes y pelotudeces. Un domingo de marzo, 15.00 hs. Textual: “Escuchá. Estoy en aprietos, necesito que me ayudes y me digas que serie puedo empezar a mirar hoy mismo.” Se me vino un pantallazo de ambos en mi sillón mirando una serie, sin contacto físico. Lo imaginé como amigos, pero vieron que la línea entre “amigos” y “te garcho” es muy finita, a menos que en serio lo metas en la frienzone o que el chabón no use un buen perfume. No era el caso.

En semana santa, me fui a Córdoba con amigas… ZZ no estuvo en mi mente en ese momento, yo empezaba a persuadirme con la idea que podía ser mi amigo, hasta que Maru, hablando de la amistad entre el hombre y la mujer,  “todos los que dijiste que eran tus amigos, te los terminaste garchando”.  Ni siquiera le había contado que me escribía con él, pero esa frase fue una especie de alarma.

Volvíamos de otra juntada, y me llevaba a casa. Estábamos solos. (Existieron leves acercamientos, pero nada demasiado relevante) Bueno, ¿para qué negarlo?, a esas alturas ya estaba pensando en cogerle la sonrisa.  Llovía a baldes, me bajé del auto, y no pasó nada. Honestamente, sentí que ZZ estaba acercando un cuchillo incandescente a mi ego. Lo empecé a ver como una amenaza. Si de verdad ZZ solo pretendía una amistad conmigo, iba a matar a Cupido. Lo juro, iba a reventarlo a patadas en el ojete. Una frase encendió mi esperanza sexual: “No va a faltar oportunidad para que esperemos a que pare de llover”.  Ok, te conviene y que no sea renga eh!

Vale aclararlo, ZZ parecía ser otro tipo personalmente. No me miraba a los ojos. Tal vez era así con todos; me parecía un tanto indescifrable. Mensaje va, mensaje viene, terminamos garchando, y yo apuré un poco el asunto. La noche estuvo bien. Tengo imágenes esporádicas, no recuerdo todo porque estaba muy borracha, pero sé que la pasé bien. Le dije que quería que se quede a dormir, y cuando me acordé me quise pegar cinco tiros en la concha, no es nada propio de mí hacer eso. Al día siguiente, me preguntó si me arrepentí. Claro que no, pendejo. Me arrepentía sino te garchaba.

Calentamos la pava durante tres semanas. SI, TRES. Hasta que por fin me dice de vernos un sábado por la tarde. Pensé, me voy bien atendida al boliche esta noche. Ja,ja,ja, enuncio Cupido… Me canceló a último momento; en el fondo presentí que no iba a concretarse. Le terminé preguntando si realmente tenía ganas, porque me demostraba que sí, pero percibía que algo lo frenaba. Su respuesta: Nos tenemos que llevar bien, seguro nos seguimos juntando y no da para crear un momento incomodo”. CHAN.  Me pidió que dejemos todo librado al azar, que “si daba, daba y sino no”. TODO MUY NORMAL. Todavía no encontré el teléfono del Señor Azar, pero creo que es un guionista del carajo. Primo de Cupido y Satanás y la concha de su abuela en tanga.

Después del sinceramiento que no fue sincero, se cortó el contacto whasappero. Cuando lo vi nuevamente, no podía mirarme a la cara; nunca lo sentí tan retraído. Yo también me sentía incomoda y dolida. Parecíamos dos desconocidos; la situación que él quiso evitar, finalmente sucedía. Lo putee internamente, porque me hacía sentir que yo lo había presionado, eso no era cierto. No lo vi quejarse mucho cuando estábamos en la cama. Ese era momento para decirme que no, pero buenovenía atrasado el tren.

¿Cuándo me enviaba mensajes no se percató que nos teníamos que seguir viendo?, Y por otro lado, ¿tanto quilombo para garchar hora y media? Hora y media, si. Porque viciosa jajajaja.

Tengo clavado un cuchillo en el ego cual estaca en el pecho del Conde Drácula.  No caigo de que un chabón me haya dicho que no a garchar. ¿No se supone que es lo único que quieren? ¿No se supone que son los que garchan y se van a su casa, los que siguen sus instintos animales, luego de hacer lo suyo? Evidentemente no. Lo curioso es que  eso es lo único que esperaba de él.  Se puede separar la paja del trigo, soy de las que piensan que sí. Al menos al principio. ¿Habrá pensado que era una propuesta de matrimonio?  No, se lo aclaré desde el principio.

Ojo, no pretendo que suene machista, ni deshumanizar a los hombres. Ellos también tienen derecho a no querer coger, y eso no los hace menos hombres; es respetable cualquier decisión que puedan tomar al respecto. El gran problema es la contradicción, es dar señales erróneas, la perspectiva del sí pero no, del no, pero avanzo, y al final retrocedo, el innecesario histeriqueo. Eso es la inmadurez de jugar con el tiempo y la paciencia de los demás. Tu vida es tuya, sino perdés el miedo a que te consideren un idiota por ser vos mismo, si te traicionás para aparentar, también te estás cagando en el resto.

En fin… Ya ni sabía si el chabón me gustaba por algunas cosas que leí en su Facebook, porque los gustos en común,porque hablar con él era muy lindo, o directamente, porque me dijo que no, porque me histeriqueó.

Hubiera preferido, que sin titubeos me diga que no le gusto, o que estaba enamorado de su ex, como el señor Tofi; de ese modo lo entendería y sería más fácil soltarlo.  Que me diga que la había pasado mal en la cama, pero no, me dijo lo contrario. 

Me equivoqué, y lo asumo… lo puse en un pedestal, lo vestí con ideas mías, pero en el fondo no llegué a conocerlo y esa es la espina, no me lo permitió. Otra vez con la oportunidad renga a cuestas. Oportunidad de coger, oportunidad de chuparnos una birra y volver a coger. ¿Qué importa de qué? Me la negó.

Podía estar con un montón de chabones, pero con él no. ZZ se quedó a vivir en el sofá de mi mente y no me daba ni pelota, el muy forro. Me escribía con otros tres chabones y yo solo pensaba en él, no me reconocía. Encima en el sofá estaba en pelotas y tomaba fernet solo. ¡Si te vas a quedar acá, ponete la ropa!  ZZ no sabía con quién dejarme, y me dejó con las ganas. Si no vas a estar en mi cama, salí de mi cabeza. Y te repito, por favor vestite. No seas tan hijo de puta. En algún momento de lucidez iba a sentirme libre de este caprichoso ataque de concha talle XXL.

Se complicaba; la oportunidad imperfecta de AA, tenia (tiene) una buena pija y una sonrisa exquisita. Bajo autoestima, inseguro, humilde, buena ortografía, y humor inteligente. Sobre todo, me gustaba la mirada esquiva de sus ojos de indefinido color. Su timidez me enloquecía, esa inhibición era casi letal para mis sentidos. Sin embargo la oportunidad era renga…  y paradojalmente, me dejó rengo el ego y los ovarios inflados a compresor.

Luego de horas de  auto-reproches, comprendí que para que te den una oportunidad enferma, es mejor que no te den nada.

A mí no me quedó nada por hacer, ni por decir, siempre fui fiel a mí misma, cueste lo que cueste. Esa paz no me la quita nadie.

La oportunidad que me dio será renga, pero yo no estoy renga. La cojera de la oportunidad es un defecto suyo y no mío. No ‘nos’ perdemos, él se lo pierde.  Las oportunidades que uno no aprovecha, las aprovecha otro, y por algo es así. Quizá el destino me está salvando de irme a vivir al País de las conchudas.13324157_10156860775995234_420382865_o

La lección es recordar que merecemos más que un polvo borracho; detenernos a intentar comprender o encontrarle lógica al comportamiento de un histérico, es tirar minutos de vida a la basura. Nada más equivocado que el hombre histérico, y nada más histérico que el hombre equivocado.

No importa cuánto te guste y cuántas ganas tengas de cogerle la sonrisa. No importa su olor, su mirada, no importa todo lo que te seduce de él, no importa que incendie la cabeza si en el peor de los sentidos, también te incendia el ego.

Esperar a un histérico es subirse una expectativa manejando un triciclo acelerando a fondo, y de frente a la pared.

Para garchar también hay que ser claro y conciso, se trata de madurez. Los hombres seguros de sí mismos, de lo que quieren,  los que saben comunicarse forma concisa, son los que nos hacen acabar la sucursal del punto G en el oído. El resto, zaraza.

Basta de hombres que no están a la altura de riesgo. Basta de archivar oportunidades rengas. Sí, a dar vuelta la página; si, a soltar lo que no encaja, si a desprender el capricho del ego.   Sí, a los hombres que pueden y saben separar la paja y el trigo.

Basta de pendejos emocionales. Dejemos que maduren, dejemos que transiten su camino, pero por favor, no intentemos rehabilitarlos, no es nuestro deber.

Nuestro deber es pasarla bien y ser feliz, no estresarnos con pelotudeces, ni hacernos cargo de “batallas” ajenas, porque no podemos hacernos cargo del comportamiento de otros, solo del nuestro.

Para aquietar el antojo del ego por ZZ, me dije “Voy a utilizarlo de inspiración, de historia de blog, voy a arrancarme las ganas de ser sus ganas, voy a transformarlo en uno más.” Eso es lo que es. Distinto, pero uno más, así de paradójico.

Entonces, me instalé Tinder; empecé a vestirme como una perra todos los sábados, a cantar en el boli “♪ No te creas tan importante ♫”. Tanto cantarla me di cuenta que efectivamente no es importante. A veces, me pongo conchuda, pero al menos me dejó de caber el melodrama, por fin, y por eso pude escribir esta sabia nota (Aguantá, heredera de Sócrates jajaja).

Ahora ya no tengo la excusa de la tragicómica conchudez por ZZ, pero sigo se-solicita-cupido-nuevo-y-responsablesaliendo a mansalva… A ver si uno me da una oportunidad que tenga la anatomía completa, hable claro y me mire a los ojos, que camine recta y sin tambalearse. Y sobre todo, que me garche más de una vez.

Le erré de nuevo… porque errarle es un estilo de vida y esquivar el éxito, mi hobbie favorito  desde 1987.

Igual, que esto quede claro…aunque lo rajé del sofá de mi mente, y lo haya dejado en pelotas en el balcón cagándose de frió,  al pendejo lo parto al medio.

Mi voz interior: Basta Nani, No te enganches.

Tramitame el próximo histérico, Cupido hijo de mil puta. 

 

Thank you for reading (Hablaba en inglés, la tilinga!).

Nani, Licenciada en oportunidades rengas,

Productora Asesora de Inseguros,

Conchuda incurable 

PD1: A ver si arreglo el detector de boludos de una puta vez.

PD2: El karma me recordará que no me dejó hacerle la fiestita.

PD3: Pendejo del orto, te odio.