Muero de pronto, vivo siempre.

Todo es así
cuadros dentro de cuadros
siempre un final sin fin
después de un nuevo ensayo.

Se vivir
y es merodear
entre tantos ojos.
Leer, deletrear,
aquel, real
mensaje entre líneas.

(Catupecu Machu)

Llorá, araña las paredes, agonizá cada segundo de tu espera. Entra sin pausas en la tristeza más amarga, sin la más mínima resistencia, no pongas obstáculos, no te obstines, desnúdate ante esta miseria. Toma el café de la mañana escuchando una dolorosa canción que te recuerde a él, sabiendo que no es ni será el hombre que esperas. Si es necesario pegá un cartel con el estribillo en el calefón y en la pantalla del televisor. Torturate, persuadite lentamente por el duelo.

Llora, derramá lagrimas hasta el espasmo, suspirá de dolor; lamenta haber creído una vez más en vano. Parpadea y sentí los latidos acelerados, queriendo morirse de ansiedad, podridos de latir. Que te entre el melodrama, aceptalo. Dejá que las lágrimas recorran tus mejillas impunemente, lleguen hasta tu cuello, deja a tu mirada perdida en la pared blanca, sin ver nada más que su recuerdo. Relee la conversación estúpida que tuvieron, e ilusiónate otra vez;  a los diez minutos sentí el gusto a sangre en tu boca por haberte caído de cara a la realidad… la amarga verdad de saber que no puede ser, que no será, que nunca fue, que no es.

Sucumbí ante sus ataques de histeria, movete según sus reglas, seguile el juego, jugá a ganarle, a no perder las ganas de ganar; aférrate a la mediocre promesa de un polvo , a soñar que dormis con él y preguntarle que piensa del aborto, si cree en el sistema solar, si alguna vez se fumó un porro, si por fin se animó a ser él mismo soñá con que te trae el desayuno a la cama, y decepcionate otra vez cuando no lo haga. Despertate sollozando.

Y cuando él se decida a verte, después de coger, echalo, tratalo como a un pedazo de carne, desangrate de ganas, trágate todo lo que sentís. O no, jugátela, demostrale que te importa, aceptá sus respuestas mudas, insistí. Vivi esta frustación pensando, nuevamente, que será la ultima.

Volve a escribirle para recibir el “no” que te escupe en la cara, como respuesta porque su emocionalidad inestable no sabe lo que quiere. Confundite con sus celos infundados, sin derecho a expresar, ahorra los tuyos… disfrutá aquel deporte favorito q13588938_10156997577955234_1956537984_oue tiene de incendiarte la mente, saboreá el masoquismo de saber que vos le das el bidón y el fósforo encendido.

Bancate cada pelotudez que haga, cada acto de inmadurez, báncate lo que te niega, agarra cualquier migaja que provenga de él, CANSATE, agotate de su oportunidad renga. Que se corte por fin la cuerda que estiró por sus idas y venidas, por la prematura decepción; asumí que tu miedo te salva, y que su miedo también. Que no se pierden porque no se animan a tenerse. Que el no puede y vos tampoco .Que ese día no va a pasar nada, que no hay nada nuevo por acontecer, porque sencillamente no hay espacio, y tampoco sabés si vos podrías darlo. Aceptá que su mensaje arribara tarde y será ambiguo e intermitente como siempre, angustiante. Acepta que el mejor de los casos es que no llegue nunca.

HARTATE de una vez, llora porque te equivocaste, por tu patológica costumbre de interesarte en lo imposible, por tu adicción a lo inalcanzable, porque a vos también te faltan ovarios para animarte; envolvete en tu imaginación, viajá a Jupiter y supone lo que piensa el otro. Dalo por hecho. Llorá otra vez hasta anestesiarte con la brasa de imaginar lo peor.

Espera que suene tu teléfono y morite de ansiedad; camina por las calles de junio anegadas de hojas secas como tus expectativas,  llorando otra vez. Parpadeá , sentí como la tristeza de repente muera y la ira te envuelva, que el odio te de una mano y te haga firme y dura. Volvé a ponerte de pie como venganza… pedile a tu amiga que te mande reiki; caé de nuevo, enviale el mensaje de chistes pelotudos y cuando veas que no te sirve, revoleá tu intención contra la pared. Hacé lo mismo con tu inocencia barata.

 

Agarrá una hoja en blanco y dibujá un cuadro sinóptico de esta crisis, reconocé que siempre supiste que no era real, ni posible (por eso te aferraste). Desarmá el deseo en pedacitos, limpiá la sangre de tu cara mientras lo acribillas sin piedad, agarrátela con él aunque sea protuberancia tuya; escarbá su raíz, de donde viene y hasta dónde quiere llegar. Palpá los motivos corrosivos por los que te aferraste a ese capricho con nombre y apellido. Aguardá en el balcón mojándote, a que pare de llover. Revolvé en el cajón de las circunstancias, sacale jugo a la derrota, alecciónate, preguntate por qué apareció en tu vida sino iba a quedarse. Odia a Dios, cúlpalo de todo, insúltalo en arameo porque nunca te tiene piedad.

Hacé borron y cuenta nueva, porque Dios te dio mucho más de lo que esperabas. A vos misma, a vos, que cerras los ojos y estas viva.

Mirate al espejo, observá tus curvas, tus 58 kilos, relee tus escritos, y date cuenta que pese a su metro 81, no está a tu altura. Cerrá los ojos de dolor recordando su lengua adentro tu boca el primero de junio, con 5 grados bajo cero, y desabrigados. Sacudí la cabeza y borrá la escena con una puñada en el centro de las bocas juntas. Olvidate de pronto, que la piel no te deja huir. Aferrate a tus propios barrotes hasta que se doblen y se rindan, mientras enterrás el deseo.

Descartá recuerdos, no los bastardees, soltalos, guardalos por un tiempo. Madrid vestida con mensajes, ilusiones que mentían, mensajes que te incendiarion la cabeza, conversaciones hasta las tres de la mañana, fotos de tu cuerpo en su celular, promesas de polvos inconclusos (porque el ego duele más que el alma). Suprimí, archivalos, guardá cada texto dentro de una carpeta de Word, adentro de otra carpeta, enterralos virtualmente. Eliminá las capturas. Parpadea, seguí adelante.

Es difícil, y si, te dejás llevar otra vez…arrasada por tus ganas de ser sus ganas.

¿Y qué?

Caé de nuevo en la miseria de cigarrillos mentalados de tu agria decepción; relativízalo, reite a carcajadas, reconcíliate con Dios, escribí una nota de blog, empezá a archivarlo, tachá de tu mente la imagen de su fisonomía en en el contexto la casualidad donde lo encontrás.. Nada de eso es real, ni posible de conocer. Traicionate y después pedite perdón. Otórgatelo.

Alejate, alejate de una vez de una persona que no sabe lo que quiere. Llorá pero aprendé a alejarte. Tomá clases, practicá, salí a correr, agitate, transpirá la camiseta de tu ultima maratón. Bailá zumba, reíte con amigas, comete un chocolate. Limpiá tu casa bailando. Agredecé que tenés una. Amá mucho a los que se juegan por vos, y descartalo a él, que no lo hizo. Racionalizá. Disminuilo en tu cabeza, intentalo al menos

Fracasá de nuevo en la tentativa, suspirá porque te duele. No te avergüences por eso. Tenés derecho al dolor, y a la frustración. No hay que dudar de lo que duele. Estás viva, peor sería que no duela, que vivas anestesiada. 

Escribilo, escribilo triste, feliz, superada, borracha, libre, escribí esta desilusión sin que te importe la sintaxis. Vomitá lo que sentís. Largalo. Escribí desprolijo, a mano, con teclado, con puntos suspensivos. Llora, 8 semanas, 4 horas, 25 minutos.

Destruí tu hígado. Castigate con ABSOLUT y Speed, con Sex and beach, cerveza o fernet, todos los fines de semana, abusá de las faldas cortas, y no ahorres labial rojo fuego. Gritá, cantá hasta que te duela la garganta, soltá tu pelo. Reventá de resentimiento y enojo; cogete a otro pibe, se puta, se la más puta y después sentite vacía. Odiate. Sentite fracasada. Odia tu mala suerte, culpala de todo, castigá al azar. Empezá a soltarlo de desilusión. Profana el dolor de adentro tuyo. No lo dudes, es necesario.

Parpadeá, tocá tu rostro, entendé que después de depurarte en llanto y alcohol, después de la ceguera de no verlo por tantos días, ya no tenés tantas ganas de llorar. Que ya no estás tan segura de porqué llorabas. Que tu ego herido te tapó la verdad, la verdad que en el fondo no te pasa nada fuerte con ese chabón. Solo fue un espej20160704_234412ismo de lo que tuviste ganas que pase. 

Soltalo de miedo, soltalo por su puerta cerrada, por su indefinición. Renace, reite  de lo que se pierde y de lo que te salvaste; convencete de una vez: la vida te está haciendo un favor. Lo que sucede conviene y lo que no, también. No pierdas la esperanza nunca, aferrate a vos misma.

Reite de vos misma por pensar que podías ir a algún lado con él. No lo odies, es otro, es su mambo y su rollo. No te hagas cargo, “perdonalo” por no haber podido o no haber querido. Comprendelo de alguna manera. El resentimiento también tenés que soltarlo, ocupa tiempo y energías.

Volvé a exprimir el dolor de tu antigua tristeza; reite nuevamente porque sabés que reír te salva. Reite a carcajadas de tu estupidez. De haber caído en semejante idiotez. Guardate y resguardate de dejar entrar a alguien nuevamente, empezá a filtrar quién merece un segundo de tu tiempo y quien absolutamente nada, aprendé a ver donde depositas expectativas y con respecto a quien…  porque hay una sola vida para comprender que la vida es una sola. Sentí en tu cuerpo la adrenalina de que su hechizo termine, la paz de ver que todo vuelva a la normalidad.

El resentimiento se va cuando reconoces que todo se trataba de un absurdo capricho.

Renacé lentamente. Date el tiempo para eso.

Siempre termina a tiempo lo que improbablemente puede empezar.

Esta, es una carta a mí misma;

ahorrando miles de detalles, claramente, pero parece que la oportunidad renga II,

que me afectó más de la cuenta.

¿Y ustedes, en que fase están?

Gracias por leerme

Licenciada Nani Nanita, animando a mostrar miserias en su blog, reflexiva de otra forma, haciendo clic con otitis y tirada en la cama, convencida de que se puede soltar,y sonriendo porque reír te salva y la vida es hoy.

En otras palabras… orgullosa de mí.

 

Anuncios