El menos pensado

El menos pensado

“yo soy tu muñeca inflable”, dice ella, 
y se clava el alfiler. 

Empecemos por el final: terminó incluso antes de empezar. Todo lo que no llega a florecer, siempre es eterno, y ese es el peligro emocional más grande. Les hablo de ese tipo de relaciones duran lo suficiente como para ser inolvidables.  Se terminó como siempre terminan todas mis relaciones. El hombre que me interesa, es el hombre equivocado y con ese don a flor de piel de elegir tipos que me decepcionan. Cualquier tipo que me chapo termina siendo un pelotudo.

Lo conocí a una cuadra de mi casa, esperando el colectivo. Sí. Yo conozco chabones en la parada de colectivo y en el supermercado. De no creer…. Como ya saben, todos tienen apodos. Este es “el pececito”, por su signo zodiacal (Piscis).

El susodicho esperaba el 120 comiendo compulsivamente cerealitas de chocolate; vestía una camisa blanca, un jeans, no recuerdo el color.  Parecía ansioso porque subía el cordón de la vereda cerciorándose cada dos minutos si venía o no el colectivo. Me vi reflejada en esa ansiedad. Las galletitas se centrifugaban en su boca a una velocidad impensada, no terminaba una y ya tenía la próxima en la boca. Por suerte masticaba con la boca cerrada, de lo contrario me hubiese resultado desagradable. 

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No lo miré con mi típica actitud depredadora de querer saltarle encima y morfármelo de la misma forma en la que él comía las cerealitas; porque físicamente no es mi estilo. El menos pensado, es justamente el que te hace bajar la guardia. El típico hombre que lo mirás y decís, “es lindo, pero no me gusta.” 

La conversación empezó por culpa de mi reloj, que se cayó al charquito de agua. “Flaca, se te cayó algo”, me advirtió. Para que mentirles, el flaca ya me gustó. Durante una fracción de segundos pensé que era una broma, y me diría alguna pelotudez. Por suerte no fue así. ¿Por suerte dije? Por desgracia. Hubiera ahorrado tiempo y energías.

En mi afán estúpido de devolverle la gentileza, le quise avisar que el colectivo llegaba en 6 minutos según la aplicación  “Cuando llega”. Me puse en ridículo porque “el pececito” laburaba para la empresa de colectivos, y tenía muy claro cómo funcionaba el radar de la fucking aplicación:  me dio una explicación pormenorizada, la cual no entendí un carajo. Rápidamente me recuperé del bochorno, prometiéndome ponerle camisa de fuerza a mi amabilidad.

Cuando llegó el colectivo, me subí primera; prácticamente corrí para que no me pida pagarle el boleto. (Re laucha) Sospeché que no tenía tarjeta, porque solo llevaba las galletitas y su celular. Tampoco estaba para hacer beneficencia con los boletos de colectivo.

Para mi sorpresa, el colectivero no le exigió ningún tipo de boleto, evidentemente ya lo conocía. Ok, el pececito: 2, Nani: 0.

Se quedó unos minutos hablando con el conductor, y comentando el estado del tiempo o vaya a saber qué pelotudez. Yo miré por la ventanilla. Tenía una resaca de la puta madre, el día anterior me había tomado 3 gin tonic.

Se acercó a mí y me preguntó si podía sentarse al lado mío, yo asentí con la cabeza. Después de todo “el canchero”, me salvó de perderme el reloj. Hablamos un poco de todo, y antes de llegar a la terminal de ómnibus me pidió mi Instagram. Me descolocó, no me lo esperaba. No obstante, como actualmente trabajo como vendedora, supe que cualquier contacto me venía bien, así que sé lo di. Después de todo, me había caído bien.

Ingresamos juntos en la terminal de ómnibus, y seguimos hablando unos pasos. Le vuelvo a preguntar el nombre, porque ya me lo había olvidado. Yo quedando para el orto desde los ’80 tomo XVIII. Y bueh. De pedo retengo mi nombre, el resto es pura suerte. (?)

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Una vez que estabamos adentro, cortando la charla inesperadamente, me dice, “yo doblo acá, que te vaya bien” y desapareció. Me quedé con la palabra en la boca porque iba a decir algo (no recuerdo qué), y solo pude contestar, “chau”. Me encogí de hombros y seguí.

Quedó ahí. Para mi no era un proyecto de chongo, ni de nada. Era un contacto que podía servirme para temas laborales. Nada más.

Por ese motivo, a los dos días, le escribí para preguntarle si tenía contactos para ofrecer el servicio que vendo en mi trabajo. Mi mente pecaba de inocente, yo seguía sin dobles intenciones, ante todo porque tenía la cabeza en otro lado. No estaba pensando en levantarme tipos. Para eso hay lugares especiales que se llaman boliches o bares, y no paradas de colectivos. ¿No?

Continuamos hablando por Whassapp, durante una semana. Me gustaba hablar con él, al menos por whassapp. Teniendo en cuenta que solo lo habia visto personalmente una vez.  Un día, me invitó a tomar mates frente al río. Sabía que iba a resolver en ese momento si me gustaba o no, o si sólo podía ser un amigo. El encuentro fue divertido y el tiempo se me pasó volando. Era fácil hablar con él, los silencios no fueron incomodos. Creo estabamos un poco nerviosos, pero lo normal. 

Estando acostada en el césped con el sol de frente mirando el Río Paraná y cebando mates, tuve ganas de darle un beso. Sin embargo, él mantenía una distancia, que a juzgar por sus movimientos no se atrevía a desafiar. Yo no estaba segura que fuera recíproco, entonces me quedé en el molde. ¿Y si era gay? Sentía tensión sexual, pero no queria tirarme a la pileta y generar un momento de mierda. Quizá no me veía como mujer y por un momento pensé que podíamos llegar a ser buenos amigos, y me alegré. Me gusta hacer amigos, aunque me sintiera atraída; sino pasaba nada entre nosotros, podía verlo como tal. Horas más tarde, cuando ya estaba en mi casa, dejó claras sus intenciones diciéndome que yo le gustaba…“Ningún hombre heterosexual te vería como amiga”, mi viejo tenía razón.

Pasaron dos días, y nos besamos en el auto mientras llovía. El sabado siguiente, nos fumamos un caño y tomamos un vino. Lo más loco es que hablábamos como si fuéramos amigos. Nos reíamos de todo. Dicen que cuando dos sé ríen un montón, la cosa es seria. (Puro mito en este caso) Terminamos curtiendo, y muy bien. Al menos yo puedo decir eso, el resto sé lo preguntan a él… les dejo el cel…03…era broma, buitras. jajajaja

El pececito era mi antítesis, al menos en lo que respecta a experiencias amorosas. Había experimentado años de noviazgo, una vida alejada de los boliches y la joda. Se autodefinía como alguien muy tímido, y hubo ocasiones en donde supo serlo. En otras, claramente no tenía nada que ver con aquella etiqueta. Podía ser entrador, y hasta soberbio en su justa medida. Esa seguridad en los tipos que me seduce hasta hacerme reventar las hormonas.

Hablando de reventar las hormonas… Tenía todos los abdominales marcados y un tatuaje que cubría su brazo derecho que me ponía loquísima. Abrazaba muy bien… Y cuando estaba tentado, cambiaba el timbre de voz y hacía que su risa fuera contagiosa. Su sentido del humor y el olor de su piel fueron letales para mí, me desarmaban de placer. En poco tiempo le alcanzó para volarme la cabeza de la forma más linda que hay, me sacó de la anestesia después de dos charlas cara a cara…

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Hasta que mostró todas sus flaquezas, cuando el hombre menos pensado, me salió con un martes trece repleto de excusas endebles e irresueltas como un polinomio matemático, como una fórmula de física cuántica que nunca pude entender. Que “me hablo con otra chica”, que “me estaba enganchando”, que “no estoy preparado para otra relación”, que “sufro mucho los celos.”

Sino estás preparado para otra relación, no la empieces, maestro.

Si te vas a ir con otra, andate y listo.

¿Celoso de qué? 

No entendía NADA.

Lo que sí era claro es que me estaba cortando. Según su lectura, no podía seguir con “lo nuestro”, ese vinculo que no tenía nombre, pero era nuestro.

Es cierto que pisamos el acelerador, pero no recules así nene. Y pensar que no tenías pinta de cagón. ¿No se cansan de retroceder estos especímenes histericos? ¿No piensan antes de generar algo en el otro y en sí mismos?

El sexto sentido de los hombres es darse cuenta de las cosas, TARDE.

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A mi me gustaba muchisimo. Me gustaba la mujer que yo era cuando estaba con él, me hizo sentir suficiente. Yo siempre tengo bajo autoestima, pero con él sentía que bastaba con ser yo misma, con mis carencias, con mis asquerosa sinceridad, mi verborragia peligrosa, con mis inseguridades, mi impulsividad, mi humor negro y pese a todo, estaba bien ser yo. Eso no se siente todos los días. Era genuinamente yo misma, ni más ni menos. Era tan yo misma con él que el Pececito podría leer esta nota y no tendría nada para ocultarle, porque ya lo sabe, porque le fui de frente.  Nunca me puse ninguna careta, tengo 31 para vender simulacros, es estresante y me aburre.

Lo bueno que rescato es que este tipo de irresponsables emocionales que pululan a mi alrededor, “la cagan” más rápido y yo me curo en tiempos récords. Veo venir mi cura en el horizonte, y yo aún estoy parada esperando el 120, que quizá tarde un poco más pero se que va a llegar. Pasa un día a puro Beret, Ale Sanz, Ed Sheeran y Coldplay, con lagrimitas de por medio,  y un día amanece y yo ya seguí mi vida como una autómata. Clavé cumbia y reggaetón, le meto a la zumba y a otra cosa. Es una experiencia corta y amarga como tragarme un cactus. Las espinas pasan por mi tráquea, y siento el gusto a sangre en mi boca, frunzo el ceño, se nublan mis ojos, caen las lágrimas, gimo para soportar el raspón en el esófago. Mi estomago digiere aquella sustancia viscosa de la desilusión.

Al siguiente fin de semana depuro el dolor con alcohol, 3 kilos menos, y un bomboncito chapando en un rincón del boliche. Muero de pronto, vivo siempre.

Ya no son consuelos vacíos, porque esos besos casuales son más reales de los que me dio adentro de su auto, frente al río lloviendo torrencialmente. Los típicos chapes “de levante”, son más sinceros que una conversación en un atardecer, con mates de por medio. Porque sabemos que ese beso es simplemente ese beso, sin pretensiones de generar algo más que un buen momento; en cambio la escenografía de una buena charla, y risas, incluso sin besos, es más ambicioso, tiene más envión para aterrizar en el alma, tiene intención clara de rozar la ternura, esa traicionera que yo tengo a flor de piel, solo por pecar de indefensa en la mayoría de las ocasiones. Pero, ¿sino me dejo llevar por ese momento, quien soy realmente, un robot que vive en piloto automático? Si me retiro, nunca va a ser por miedo, sino porque no me alcanza lo que siento. Prefiero morirme antes de quedarme con la duda.

Además, siempre estamos listos para lo que llega a nuestra vida, sino no hubiese llegado. Si te pasó a vos, es porque podés.

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Lo más triste es sentir, como dice el tango que “al final nada es cierto”. Que para algunas personas los momentos lindos les pasan por al lado y son capaces de soltarlos como sino los hubieran atravesado. O quizá, no los atraviesan. Los viven, los respiran y los terminan y le ponen punto final, como a una jornada laboral o a una risa escandalosa. ¿Es todo tan anecdótico para estas personas? Que aburrido debe ser vivir así, pero bueno es una elección de ellos. El problema es que les hagan creer al resto que estan viviendo eso sin estar en realidad con todo su corazón ahí en ese instante cuando te reís a carcajada con esa persona…. ¿tan por al lado te pasa todo lo que hacés? ¿como separás tus actos de tus ganas? ¿haces todo porque te da igual?

Es muy facil aclaren, “estoy acá siendo el más tierno del mundo, pero esto no es real. No es real lo que te digo. En unos días voy a dar 3000 pasos para atrás, me voy a arrepentir, porque no sé que mierda quiero, no te ilusiones pelotuda. Irresponsables emocionales sueltos por el mundo y yo me los encuentro a todos. ¿Con qué necesidad? Flaco, si querés garcharme andá de una a los bifes, no peques de tierno, soy susceptible al cariño, tengo un déficit del mismo desde 1987. Un poco de respeto, y piedad. Digo, ¿no?

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Y prefiero pensar que lo que sentía no era suficiente para animarse, o que quizá otro sentimiento por otra persona aplastaba lo que yo le generaba. Es doloroso, pero es necesario para el punto final que tengo que ponerle en mi cabeza, para bloquearlo de mi mente.

Se acumula la lista negra de cagones, histéricos que solo sirven para perder el tiempo. Cupido, no seas tan hijo de puta, ya aprendí, mandame uno que al menos me quede como amigo y confidente. 

Lo bueno es que ya mastiqué el cactus, y ahora lo estoy digiriendo a base de fernet y explotando el teclado. Ahora me falta el exceso de rímel en mis pestañas, las faldas cortas  y los 3 kilos menos… y un muñequito inflable para curarme a base de mimos vacíos, de lo que no pasó, de lo que me salvé y de lo que se perdió.

Aunque a veces, me pierda en lo que nos perdimos…

(“No da más de tierna la que no le gustan las relaciones”)

Gracias por leer…

Lic. Nani Nanita.

Más acostumbrada a la tormenta, que a la calma.

P.D.: Si invento el artefacto para detectar HISTÉRICOS, me hago millonaria. Los tipos deberían venir con un trailer para que una sepa donde se esta metiendo. HE DICHO!