Renacer

Renací cuando aprendí a salvarme, cuando ser fuerte fue la única opción. Es increíble lo formativo que es el dolor, te alecciona, te hace crecer… me convirtió en mi heroína, me bajé mi propia luna, porque entendí que nadie iba a hacerlo por mí. Me hice cargo de cosas que hubiera preferido borrar de la faz de mi memoria. También supe ser mi enemiga, usé el látigo injustamente para conmigo. Empecé por enésima vez los cimientos de mi autoestima con tanto esfuerzo, con tantas caídas en el medio, viéndome obligada a soltar tantas culpas innecesarias e inciertas.
Tuve que irme cuando quise quedarme, y otras tuve que dejar que personas que amaba, se fueran. Construí refugios para abrigar mis demandas de amor. Cuando cicatrizas entra luz por las heridas y de repente caí en algo que desaprendo todos los días… que la felicidad es tan simple; es sentir la parte fría de la almohada, es ante todo la tranquilidad, saborear la comida favorita, las carcajadas con amigos, los mates a la mañana, los libros, las fotos, las palabras, la música, bailar, la risa que no deja de salvarnos, la vida misma, que siempre es hoy y hoy es siempre todavía….si podés correr, si tus ojos ven, si tenes un abrazo a mano, si tenés un techo y un trabajo…
¿Qué carajo es el éxito al final? No me interesa destacarme, ni los aplausos, ni nada, ni que me admiren. El título más importante es el de buena persona, el resto es humo. A la mierda los mandatos. Mi única regla es la libertad de hacer lo que deseo sin lastimar a nadie.
Soy las veces que no me rendí. Soy las veces que me quedé llorando frente a puertas cerradas, porque de eso aprendí. Soy las veces que me fui como acto de amor propio, las veces que eduqué mi empatía para ayudar a los demás. Soy también la que tomó distancia cuando ya no tenía nada para aportar. Soy las veces que me cure llorando frente al teclado. Soy el día que pude defenderme por primera vez. Soy la que pude herir y preferí no hacerlo. Soy la que decidió salir del rol de víctima, porque solo estanca. Soy la que alguna vez hice daño y pedí perdón y también la que perdoné. Pero, ante todo soy la que intenta perdonarse todos los días… y eso es todo lo que se del amor.

Escrito el 14/01/19, cuando me hice mi séptimo tatuaje.

 

Gracias por leer♥

Lic. Nani

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Tenés derecho a no ser perfecto…

Tenés derecho a no ser perfecto, tenes la obligación de intentar ser feliz. Tenés derecho a cometer tus propios errores y comprender  lo que vinieron a dejarte, lo que necesitabas aprender. A descubrir tu propio modo de ser feliz. A ignorar fórmulas ajenas. A ignorar a los que se burlan de tus sueños. A limpiar tu vida de la gente que sólo te pisotea y te dice que no podés o que no sos capaz. Tenés la obligación de no creerles. Sos capaz, y podés. Tenés derecho a ignorar a quienes desaparecen cuando los necesitas y aparecen cuando te necesitan. Tenés que aprender a decir que no, porque ningún vínculo sano es incondicional ni gratuito: para que subsista y crezca debe haber dos personas que quieran dar y recibir. Siempre es un ida y vuelta y es de a dos. Es así, corta y concisa. Tenes obligación de no rogarle a nadie que te quiera. De cultivar todos los días el amor propio. De perdonarte pese a haber cometido miles de errores. Tenés que abrazarte al que te abraza, querer a quién te quiere, agradecer lo bueno que te tocó, y focalizar en lo que te hace feliz. Tenés que festejar a esas personas valiosas que siguen formando parte de tu círculo. Tenés que seguir luchando aunque haya cosas que te duelan. La vida siempre sigue, incluso después de muchas personas a las que quisiste o amaste. Quedate con lo mejor que te dejaron y borrá el resto. Los que están en tu vida y se brindan, tienen derecho a ser reconocidos y lo que se van, “olvidados”…

 

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Una humilde nota de colores, en el día internacional de la felicidad.

Gracias por leer

Lic. Nani.