Palabras de abril

Aun no me animo a relacionar mi rostro con lo que escribo. Es como si me negara, como si lo físico y el teclado estuvieran enemistados. Como si la que escribe y la que se mira en el espejo se odiaran a muerte. Mi cuerpo ama lo que escribo y lo que escribo defenestra a mi cuerpo. No tengo dolor, el dolor me tiene a mí incrustada en sus entrañas. Tengo culpa en mi cuerpo y la culpa tiene a mi cuerpo de rehén, duele el corazón de la culpa en un rincón. Solo me corto con palabras que amo, y resucito bailando.

A veces creo en los recreos del miedo y me siento orgullosa de la mujer que soy. Mis tatuajes me enseñaron a enamorarme un poquito de mí, y él contraste de saber que ellos existen por dolor que sintió mi piel a manos de las agujas. ¿Quién soy yo sin mi dolor? Me da miedo que eso me defina.

Amo bailar porque, mientras tanto, los párrafos y mi rostro se reconcilian, le echo fertilizante a la fe y veneno al miedo, ahí todo lo puedo.
Soy la quietud del miedo a acertar. El miedo a la ilusión, y el miedo a que lo real sea una copia barata de lo que imaginé. Muero y vivo cada día en lo que nunca sucedió.

Que tortura esto de rendirse. Soy mi propia tumba y mi propia salvación. Me equivoco y elijo la peor parte de mí, la más dañina. Me arrepiento, e intento sentir algo por mí. Por ahí le quito la espada a mi amor propio y lo acuchillo. Después el se defiende riéndose de cualquier cosa. En medios de los azotes de esta realidad me di cuenta que quiero renacer, reír no sólo para huir sino para decorar la escenografía de una felicidad real.

Necesito ganas de creer que existe un atajo, necesito ganas de confiar, necesito empezar a saber como dejarme ayudar, necesito ganas de no estar sola. Necesito estar a la altura de lo que aconsejo a los demás, necesito verme como los que me quieren me ven. Necesito hacerme cargo de lo que registro y sigo sin cambiar. Tengo la teoría y la práctica es una realidad que no puedo resolver.

Sobre el punto final, me siento inútil escribiendo. Es como una labor que me gusta pero a la vez me ata al dolor que tengo que describir y me arruina de melancolía. Perdón por la tristeza. Es que nadie escribe sin hurgar en la herida.

29-04-2019

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