Incertidumbre

No tengo ni puta idea de nada.

Ni siquiera una sombría intuición, ni una pista. Francamente, no lo sé. 

No saber tampoco me preocupa; escribo para rozar una idea dudosa de donde agarrarme.

¿Hay vida en otro planeta? ¿Estoy obligada a vivir como si fuera mi último día? Mirá, no tengo ganas. No es bueno el que te ayuda, sino el que no te molesta. No pido, ni espero nada, porque nadie me debe nada. Tampoco estoy dispuesta a dar. No queda mucho de mí para eso. Es resignación, tal vez. Pero no, porque eso es triste, yo no siento tristeza, yo solo me acuerdo.

¿Nos enamoramos del contexto o de la persona? ¿Son las sonrisas que atraen o mi modo de interpretarlas? ¿sentí lo que sentí por quién era en ese instante, porque bajé la guardia, por ilusa incansable? ¿Fue por mis adolescentes ganas de intentar, por darme el permiso de creer en mañana? ¿Era el efecto de un antidepresivo o un ansiolítico que calmó mi creciente paranoia?

Vivo al día. Araño el modo de transitarlo mientras camino masticando una cruda idea, un párrafo o el inútil ejercicio de acordarse.

Me importa una mierda, de verdad. Estoy sola frente a tres millones de caminos y no elijo a ninguno. 

Me acuerdo de quién era, y no me reconozco. Exprimo la memoria, espío el pasado, lo revivo en sentimientos, olores, gente que ya no está o que nunca estuvo.

No, no era feliz. Era el instante en que más cerca estuve de serlo. Aunque, ¿qué carajo es la felicidad? Ya, nadie puede venir a decirme qué es, ni yo a los demás. ¿Importa?

¿Quién mierda soy? ¿Dónde quiero ir? ¿Por qué todos los destinos me dan miedo? ¿Por qué cualquier expectativa es amarga? ¿Por qué no puedo o no quiero elegir? ¿Por qué es tan fácil rendirse? ¿Esto es reamente morir, o estoy soñando y el tiempo se detuvo? 

Ni de casualidad me crece otro corazón, hay cosas que ya no tienen vuelta atrás.

Me evado con series y expulso mis miserias en el melancólico ruido de las teclas. Dejé el psicólogo porque no quiero enfrentarme. Casi ni me miro al espejo. No soy yo misma cuando río. Apenas me siento dentro de mi cuerpo cuando abrazo a mi sobrina, mi único vínculo con la existencia normal. 

Agonizar no es despedirse de la vida, es estar vivo sin saber bien para qué. Es el desgano, el desinterés, la comodidad de rendirse y dejarse llevar por el viento. Donde te arrastre. Rendirse es esta sensación amarga y placentera de no moverme, de no mirarme, de no escucharme. Perdí la cuenta de los días que pasaron sin llorar, porque las lágrimas son un modo de sentir, y yo no siento nada.

No, no estoy al borde del suicidio, cuando no hay ganas de intentar, tampoco restan cobardías de ningún tipo. Hablo así porque soy intensa y mi locura es un libro de tres mil páginas en un alfabeto que no re significo. Ni yo sé quién soy.  ¿Estoy exagerando? Es franqueza, a nadie se lo tengo que decir.  Cada vez doy menos explicaciones porque no me importa que me entiendan, no lo necesito. 

No necesito una palabra de aliento, no necesito un llamado teléfonico, no necesito comer todos los días, ni salir a bailar. No necesito un mensaje, un abrazo, ni una visita. No necesito enamorarme, tener hijos, o adoptar un gato. ¿Me convencí de que no lo necesito o ya no tengo ganas de pedirlo? ¿Está bien pedir lo que necesitás, o es una postura trágica y lastimera?

Ya no produzco nada en los demás, o quizá nunca lo generé. Alguna vez fueron mis ganas de gustar, pero tampoco necesito probarle algo a los demás. Esto soy, y cualquier idea horrible de lo que veas de mí, remotamente puede herirme. 

¿Olvidé lo que soñaba, me cansé de darme la pera contra el piso, o sencillamente cambiaron mis planes? ¿Me cansó el gusto a sangre en mi boca del fracaso? ¿O la perspectiva de un rotundo fracaso es la más cómoda tolerancia de pretender?

(¿) La certeza de que nunca nada cambia, el prontuario, los antecedentes que me condenan, las contundentes veces que creí en vano, y esperé algo más que una trompada en el estómago (?)  …. ¿Es pregunta? o es respuesta. 

No era para mí lo que pensé que deseaba. ¿Puedo tener la certeza de eso sin haber probado la dicha de haberlo tenido? Es difícil superar la nostalgia de lo que nunca sucedió. Esa es la bala más certera, de las pocas verdades que me rodean. Todo es relativo, y eso es lo único absoluto.

Es tarde para señales de auxilio.

No necesito paciencia. No necesito fe, no necesito creer en Dios, ni rogarle nada. Ni sentirme protegida o contenida. Llamalo masoquismo pero el abandono nunca me ha fallado.  Prefiero perder el tiempo en silencio conmigo, buscando rimas en alguna estrofa asequible y ordinaria. Aprendí a hundirme sola, casi sin salir, pasando desapercibida.

Me importa una mierda. El amor, el reloj biológico, el que cuelga en la pared, las metas profesionales, engordar tres kilos o bajarlos, entrar en la talla 38, volver a la anorexia nerviosa o salir de ella.  Los resultados, los objetivos, mi control ginecológico.

Ya dejen de preguntarme pelotudeces. No tengo ni la más puta idea, en serio. Difusamente distingo el sueño o el hambre.

Se que quiero silencio. Se como me llamo, y no dónde quiero ir. Para mí son todos mudos. Se que detesto la Navidad, el vitel toné y el maldito pan dulce.  Me vale madre dejar de fumar o salir a caminar, el estado de mi cabello, los políticos impresentables, la dignidad, mi sinceridad guardada en un baúl, lo que digan los medios. No hay metas, no quiero encontrar nada, ni deseo nada.

Mi deseo está preso del discurso, y salgo ilesa porque estoy anestesiada. No quiero roles definitorios, ni compañía. En ningún lugar exploto.

Ser inteligente, distinguirme, lucirme… me resbala. ¿Qué mierda es el éxito? ¿Me siento tranquila, o ya perdí? 

¿Estoy metida en un agujero o soy realmente libre?

Da lo mismo la caterva de consejos virales que circulan por las redes como verdades absolutas, lo que vos pienses mientras me leés, la cantidad de me gustas en una foto pedorra e insignificante, si el mundo se equivoca o por fin acertó. 

No es egoísmo, no es una canción, no es arte, no es la muerte, ni una depresión… es mi incertidumbre clínica, mi escasa verdad: nada existe si uno desapareció.

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