Quietud

Tengo que dejar de ser negativa, es mi droga favorita, sabe amarga y a veces me dopa en esa adicción de bajar los brazos, en la comodidad del sufrimiento. La costumbre es un virus letal, sino reaccionas a tiempo vas a morir ahí, o a vivir una vida de mierda. 

Ya lo dijo una canción, a veces el infierno es encantador. 

No estoy segura de las decisiones que tomo, y entonces las escupo; rebalsaron mis pensamientos de ansiedad y se acuchillan unos a otros, y me siento ensimismada en una incertidumbre eterna, que es lo único definitivo en mi vida.

Volar muy lejos para salir de un contexto adverso y meterme inexorablemente en otro, porque se que voy a tener que luchar, y al mismo tiempo estoy cansada. ¿O estoy cansada de estar quieta?  Tal vez el miedo a luchar sea más duro que la lucha misma, bajar los brazos sea más aterrador que un panorama que no llegó, de todo aquello que no me pasa ni me atraviesa ni puedo rozar. Quizá no puedo creer más en mi imaginación salvo raros casos, en el abecedario y en los párrafos, porque escribo para no llorar.

Todo lo imagino negro, todo lo siento extraño, como si yo estuviera aislada de una sociedad que se inunda y se distrae en otros temas, como si viviera dentro de un poema que rima, y es oscuro y negro, aún en las mañanas… que no sé si es cierto, o me lo estoy imaginando.

Me estalla la cabeza, el corazón y las ganas, y sobre todo estas últimas que están paralizadas. Metas cortas, metas simples, no te adelantes. Soy un torbellino de ansiedad que me atormenta cada media hora, sin pausas, sin piedad. ¿Qué mierda me estás pidiendo, dulce? Estoy amargada, no sé como dormir sin mirar el techo durante horas en la oscuridad, pensando una y otra vez lo mismo, con un hueco en el estómago que se siente repleto de vacío. Voy a enloquecer de no tener ni puta idea.

“A-sentimental”

Soy como un ser inanimado que se niega a reaccionar. Tengo una sana obsesión con ponerme crema corporal religiosamente en todo mi cuerpo, hacerme baños de crema y limpieza de cutis, y tatuarme cada cinco meses como excusas para quererme más. Hasta ahí llega mi amor propio.

¿Me olvidé lo que era “sentir”? Gustar de alguien, entusiasmarse, palpar al menos un pedacito de expectativa… ¡creer! Me estoy exigiendo demasiado para lo destruida que estoy.

Si, claro que registro algunas cosas que siento, pero son fugaces, hasta parecen mentira. Es que estoy fuera de mi cuerpo cuando me río. Me desconozco, me olvidé de como suenan mis propias carcajadas. Miro videos de antes para escucharme y abrazar aquella versión de mí, que rota, era indestructible. Exprimo los recuerdos hasta inventarlos como una sombría y  lastimera forma de volver a ser la que fui. 

Volví a la cárcel de viejos pensamientos, y me abandono en ellos, como si me abrigaran de frío el dolor, que  incendia la insoportable condición de latir. Soy ese monstruito que vi por primera vez en el espejo cuando tenía quince años. 

Aquí va el refugio de siempre, el auxilio mudo: Encerrarme en la certeza de un teclado, y agonizar acá, drogándome con esta angustia que no tiene fin, y de la cual no encuentro el punto final.

Existe escribir, el maravilloso escondite de la ficción,  la que invento en un fan fic, porque para soportar la realidad, no queda otra que evadirla.

Educar la cruel ansiedad con dosis de clonazepam, con música, con poemas de Jaime Sabines, o con canciones de Sabina. A veces es insuficiente para abrazarme en el pozo ciego en el me caigo. 

Quizá no soy “a-sentimental”, tal vez me cansé de no lograrlo, de equivocarme, de elegir mal, de haber creído en lo que no era cierto (aunque de veras lo parecía).

Ni siquiera puedo ser fiel a mis propias necesidades, hasta me cuesta llorar. No llorar cuando sentís arrebatadas ganas de expulsar lo que quema adentro, cuando los párrafos no alcanzan, cuando releerme es inútil… no poder llorar es una injusticia, puro autoboicot. ¿Qué me lo impide? ¿Me avergüenza llorar frente a mi misma? ¿Me asusta no poder ponerle un freno, y hundirme demasiado, o tocar fondo que rozo cada día y a cada hora?

No, definitivamente no soy “a-sentimental”, siento mucho…dolor, miedo, ansiedad, adicción a las palabras, al encierro, al aislamiento, a enajenarme escribiendo historias que me imagino.

Hago mil cosas que no tienen ni un puto sentido. No sé si es por mi adicción a hacerme daño o porque necesito sentir que tengo el control sobre algo. Mi pelo paga las consecuencias, este año apareció de todos los colores posibles; mi escasa alimentación, la obsesión por hacer extrema actividad física. Al final, no sirve de nada.

Es un circulo vicioso, vuelvo al encierro, mastico las ideas de un cuaderno amarillento, río ante las ingenuas rimas que escribí a mano, a quien nunca las leyó, me encierro en la última vez que me enamoré, que me sentí viva… y caigo sin paracaídas a este presente en el que tengo un corazón que vive al día.

Si, soy “A-sentimental”: de esperanzas, de ganas de intentar, de pensar en positivo. Soy carenciada en valentía, tengo un posgrado en rendirme, un curso en ahogarme en un vaso de agua.  Soy A-sentimental porque una gran parte de mi se murió, porque no quiero luchar.

Me siento sin fuerzas porque fueron tantas veces las que no pude que no toleraría un golpe más.

Los sentimientos desean, por eso yo soy “A-sentimental” porque ya no deseo nada, ni ayuda, ni electro shock para resucitar, ni un antídoto para un dolor que de verdad no se quita…. Me enamoré de la soledad en la primera cita.

Incertidumbre

No tengo ni puta idea de nada.

Ni siquiera una sombría intuición, ni una pista. Francamente, no lo sé. 

No saber tampoco me preocupa; escribo para rozar una idea dudosa de donde agarrarme.

¿Hay vida en otro planeta? ¿Estoy obligada a vivir como si fuera mi último día? Mirá, no tengo ganas. No es bueno el que te ayuda, sino el que no te molesta. No pido, ni espero nada, porque nadie me debe nada. Tampoco estoy dispuesta a dar. No queda mucho de mí para eso. Es resignación, tal vez. Pero no, porque eso es triste, yo no siento tristeza, yo solo me acuerdo.

¿Nos enamoramos del contexto o de la persona? ¿Son las sonrisas que atraen o mi modo de interpretarlas? ¿sentí lo que sentí por quién era en ese instante, porque bajé la guardia, por ilusa incansable? ¿Fue por mis adolescentes ganas de intentar, por darme el permiso de creer en mañana? ¿Era el efecto de un antidepresivo o un ansiolítico que calmó mi creciente paranoia?

Vivo al día. Araño el modo de transitarlo mientras camino masticando una cruda idea, un párrafo o el inútil ejercicio de acordarse.

Me importa una mierda, de verdad. Estoy sola frente a tres millones de caminos y no elijo a ninguno. 

Me acuerdo de quién era, y no me reconozco. Exprimo la memoria, espío el pasado, lo revivo en sentimientos, olores, gente que ya no está o que nunca estuvo.

No, no era feliz. Era el instante en que más cerca estuve de serlo. Aunque, ¿qué carajo es la felicidad? Ya, nadie puede venir a decirme qué es, ni yo a los demás. ¿Importa?

¿Quién mierda soy? ¿Dónde quiero ir? ¿Por qué todos los destinos me dan miedo? ¿Por qué cualquier expectativa es amarga? ¿Por qué no puedo o no quiero elegir? ¿Por qué es tan fácil rendirse? ¿Esto es reamente morir, o estoy soñando y el tiempo se detuvo? 

Ni de casualidad me crece otro corazón, hay cosas que ya no tienen vuelta atrás.

Me evado con series y expulso mis miserias en el melancólico ruido de las teclas. Dejé el psicólogo porque no quiero enfrentarme. Casi ni me miro al espejo. No soy yo misma cuando río. Apenas me siento dentro de mi cuerpo cuando abrazo a mi sobrina, mi único vínculo con la existencia normal. 

Agonizar no es despedirse de la vida, es estar vivo sin saber bien para qué. Es el desgano, el desinterés, la comodidad de rendirse y dejarse llevar por el viento. Donde te arrastre. Rendirse es esta sensación amarga y placentera de no moverme, de no mirarme, de no escucharme. Perdí la cuenta de los días que pasaron sin llorar, porque las lágrimas son un modo de sentir, y yo no siento nada.

No, no estoy al borde del suicidio, cuando no hay ganas de intentar, tampoco restan cobardías de ningún tipo. Hablo así porque soy intensa y mi locura es un libro de tres mil páginas en un alfabeto que no re significo. Ni yo sé quién soy.  ¿Estoy exagerando? Es franqueza, a nadie se lo tengo que decir.  Cada vez doy menos explicaciones porque no me importa que me entiendan, no lo necesito. 

No necesito una palabra de aliento, no necesito un llamado teléfonico, no necesito comer todos los días, ni salir a bailar. No necesito un mensaje, un abrazo, ni una visita. No necesito enamorarme, tener hijos, o adoptar un gato. ¿Me convencí de que no lo necesito o ya no tengo ganas de pedirlo? ¿Está bien pedir lo que necesitás, o es una postura trágica y lastimera?

Ya no produzco nada en los demás, o quizá nunca lo generé. Alguna vez fueron mis ganas de gustar, pero tampoco necesito probarle algo a los demás. Esto soy, y cualquier idea horrible de lo que veas de mí, remotamente puede herirme. 

¿Olvidé lo que soñaba, me cansé de darme la pera contra el piso, o sencillamente cambiaron mis planes? ¿Me cansó el gusto a sangre en mi boca del fracaso? ¿O la perspectiva de un rotundo fracaso es la más cómoda tolerancia de pretender?

(¿) La certeza de que nunca nada cambia, el prontuario, los antecedentes que me condenan, las contundentes veces que creí en vano, y esperé algo más que una trompada en el estómago (?)  …. ¿Es pregunta? o es respuesta. 

No era para mí lo que pensé que deseaba. ¿Puedo tener la certeza de eso sin haber probado la dicha de haberlo tenido? Es difícil superar la nostalgia de lo que nunca sucedió. Esa es la bala más certera, de las pocas verdades que me rodean. Todo es relativo, y eso es lo único absoluto.

Es tarde para señales de auxilio.

No necesito paciencia. No necesito fe, no necesito creer en Dios, ni rogarle nada. Ni sentirme protegida o contenida. Llamalo masoquismo pero el abandono nunca me ha fallado.  Prefiero perder el tiempo en silencio conmigo, buscando rimas en alguna estrofa asequible y ordinaria. Aprendí a hundirme sola, casi sin salir, pasando desapercibida.

Me importa una mierda. El amor, el reloj biológico, el que cuelga en la pared, las metas profesionales, engordar tres kilos o bajarlos, entrar en la talla 38, volver a la anorexia nerviosa o salir de ella.  Los resultados, los objetivos, mi control ginecológico.

Ya dejen de preguntarme pelotudeces. No tengo ni la más puta idea, en serio. Difusamente distingo el sueño o el hambre.

Se que quiero silencio. Se como me llamo, y no dónde quiero ir. Para mí son todos mudos. Se que detesto la Navidad, el vitel toné y el maldito pan dulce.  Me vale madre dejar de fumar o salir a caminar, el estado de mi cabello, los políticos impresentables, la dignidad, mi sinceridad guardada en un baúl, lo que digan los medios. No hay metas, no quiero encontrar nada, ni deseo nada.

Mi deseo está preso del discurso, y salgo ilesa porque estoy anestesiada. No quiero roles definitorios, ni compañía. En ningún lugar exploto.

Ser inteligente, distinguirme, lucirme… me resbala. ¿Qué mierda es el éxito? ¿Me siento tranquila, o ya perdí? 

¿Estoy metida en un agujero o soy realmente libre?

Da lo mismo la caterva de consejos virales que circulan por las redes como verdades absolutas, lo que vos pienses mientras me leés, la cantidad de me gustas en una foto pedorra e insignificante, si el mundo se equivoca o por fin acertó. 

No es egoísmo, no es una canción, no es arte, no es la muerte, ni una depresión… es mi incertidumbre clínica, mi escasa verdad: nada existe si uno desapareció.

A veces vuelve

A veces me pasa, que olvidé, que ya está. Y de repente, no es que estoy triste, es que me acuerdo; suena la canción…y entonces, la fatídica memoria enumera los motivos por los que hubiera querido que se quede.

No encuentro lo que quiero, escribo a solas, borro, arrugo el papel y lo tiro a la basura. Tan rota, que ya no busco, me aíslo, me abrazo, esquivo decepciones, me aferro a los miedos como profecías autocumplidas. Le erro, me rindo, y vuelvo a escribir, lloro y me río como una rutina de sobrevivir.

Detrás de los miedos, de las palabras que entretejen el discurso, nunca olvidé lo que deseaba; esa ansiedad tenue, apenas brillosa, en el letargo entre el sueño y la realidad, en el segundo donde parpadeo y lo veo por lo rincones, transparente, ficticio, irreal. Sigue sucediendo, muy por dentro, muy secreto, tapado por la vergüenza de recordar, porque no hay contexto para escribir lo mismo.

Los viejos recuerdos son mentiras. No buscan, ni esperan, son fantasías. Es una idea difusa, una ausencia de lo que nunca ocurrió, una hermosa distorsión de un ser que me inventé, un ideal por siempre perfecto de a dos. Su figura no tiene rostro, apenas se con certeza el color de sus ojos, su altura, su perfume al rozarme de casualidad… y sin embargo, es implacable ensoñación de extrema fidelidad.

Es una mentira objetiva, pero psicológicamente cierta. El inconsciente no me perdona la última vez que creí. Es su espectro incorpóreo, con un sabor semi amargo, agridulce, que me roba sonrisas nostálgicas a la luna; desafortunadamente se intensifica su imagen en una fragancia y da puntadas inoportunas.

Casi sin darme cuenta, fiel a mi autoboicoit, me siento inútil cuando me releo. Abro el cuaderno de amarillentas hojas A4 cuadriculadas, y lo invento en medio de un imprudente antojo, como si fuera mío… porque lo es cuando cierro los ojos.

Desencantada

No me abraces, léeme. Soy una máquina de estancarse, y retroceder, o avanzar para atrás vomitando la tristeza en un teclado, y volver a la quietud que me consuela. ¿Alguna vez sintieron que la existencia les pasa por al lado como una brisa y se les escapa entre los dedos?  Me agité de perseguirla y la dejé pasar… sin mí estoy mejor.

Hay algo de dulzura entre tanto desparpajo. Solo alegrarme porque pude, apenas rasgar una ínfima intensidad del discurso, para trasladar a párrafos ingenuos un dolor que no tiene traducción. Y luego los guardo, por color, por nombre, por abecedario. Lo más hermoso de la tristeza incondicional es que resiste todos mis archivos.

La ilusión de ser invisible, es mi refugio y mi propia desgracia. Y lo soy, porque cuando me miran, no pueden leer lo que escribo para “a penas” sanar. Cuando me miran, no sé lo que ven, no me percibo. Necesito que estén ciegos de mí, necesito no ser un punto referencia, ni ejemplo, ni tener voz, ni voto. Leeme, no me mires. Solo ahí reside la vagabunda certeza de que existo…el resto se evapora.

Sino me leen, «no encajo». Mi fisonomía no soporta los ojos de un otro que le quite eco a mis palabras, me siento avergonzada por no poder resumirme, y sin armas sólo por ser observada, sin ser leída.

Me siento ajena, sobro en todos los contextos, no siento, no tengo sentido. Un taxi que frena en el semáforo, un bebé que llora en brazos de su madre, la larga fila para entrar al cajero, la gente grabando audios con frenética ansiedad, el cigarrillo del vecino de enfrente paseando a su perro. Me quedo quieta en una esquina, como quien se cola en una fiesta sin haber sido invitada. Soy una intrusa entre las risas de dos amigos, el Hola y Chau de los vecinos, la música de los autos que pasan. Los libros que no termino y las rimas que no encuentro… que no se si están afuera donde sobro, o en la procesión que va por dentro.

La veo venir desde lejos y hace tiempo. Es la vida sin mí, que apenas sonríe, cínica e indolente. La sentencia de vivir dentro de este disfraz que me aísla de los demás, que me protege, que me hace sentir tan distinta; el sabor agridulce de ser invisible y solo en eso encontrar la paz. No hay otro abrazo que soporte, ni Dios que retroceda. Decidí quedarme conmigo, y respirar por inercia desde que nadie se queda.

La vida sin mí, es estar expuesta a una fractura que no pretendo curar.  La elijo por ser incondicional, porque tiene la sonoridad de un poema,  y fundamenta las bases mi amarga felicidad.  Me abrazo a la paz porque la vida sin mí, escribe, desafina y no razona… la vida sin mí son cenizas fieles de lo que me ha fallado, y siempre me perdona.

 

Palabras de abril

Aun no me animo a relacionar mi rostro con lo que escribo. Es como si me negara, como si lo físico y el teclado estuvieran enemistados. Como si la que escribe y la que se mira en el espejo se odiaran a muerte. Mi cuerpo ama lo que escribo y lo que escribo defenestra a mi cuerpo. No tengo dolor, el dolor me tiene a mí incrustada en sus entrañas. Tengo culpa en mi cuerpo y la culpa tiene a mi cuerpo de rehén, duele el corazón de la culpa en un rincón. Solo me corto con palabras que amo, y resucito bailando.

A veces creo en los recreos del miedo y me siento orgullosa de la mujer que soy. Mis tatuajes me enseñaron a enamorarme un poquito de mí, y él contraste de saber que ellos existen por dolor que sintió mi piel a manos de las agujas. ¿Quién soy yo sin mi dolor? Me da miedo que eso me defina.

Amo bailar porque, mientras tanto, los párrafos y mi rostro se reconcilian, le echo fertilizante a la fe y veneno al miedo, ahí todo lo puedo.
Soy la quietud del miedo a acertar. El miedo a la ilusión, y el miedo a que lo real sea una copia barata de lo que imaginé. Muero y vivo cada día en lo que nunca sucedió.

Que tortura esto de rendirse. Soy mi propia tumba y mi propia salvación. Me equivoco y elijo la peor parte de mí, la más dañina. Me arrepiento, e intento sentir algo por mí. Por ahí le quito la espada a mi amor propio y lo acuchillo. Después el se defiende riéndose de cualquier cosa. En medios de los azotes de esta realidad me di cuenta que quiero renacer, reír no sólo para huir sino para decorar la escenografía de una felicidad real.

Necesito ganas de creer que existe un atajo, necesito ganas de confiar, necesito empezar a saber como dejarme ayudar, necesito ganas de no estar sola. Necesito estar a la altura de lo que aconsejo a los demás, necesito verme como los que me quieren me ven. Necesito hacerme cargo de lo que registro y sigo sin cambiar. Tengo la teoría y la práctica es una realidad que no puedo resolver.

Sobre el punto final, me siento inútil escribiendo. Es como una labor que me gusta pero a la vez me ata al dolor que tengo que describir y me arruina de melancolía. Perdón por la tristeza. Es que nadie escribe sin hurgar en la herida.

29-04-2019

Viajar♥

Los viajes son viajes hacia uno mismo, y el regalo más lindo es aprender a vivir al día, sin tanta ansiedad, sin tanto miedo. Sin amor propio no hay donde quedarse, la magia a fin de cuentas es lo que creás cuando crees, magia es lo que te hacés creer cuando te das cuenta que sos feliz. Trepé una duna en un día soleado y vi el cielo con pocas nubes, y a esas alturas, supe que la única regla que me guía en cada paso es no hacer daño, el límite siempre es el otro, y uno mismo también… me di cuenta que es tan importante no lastimar al otro como no herirse a uno mismo. 

20180416_171515
Me quedo para siempre con los atardeceres donde busqué mirando el cielo un montón de respuestas, para paradójicamente entender que no necesito ninguna. Que prefiero ir encontrándolas a medida que voy creciendo y descubriendo y aprendiendo más de mí, de quién soy y hacia dónde quiero ir. Creo en cerrar los ojos y saltar, donde diga el corazón, aunque transpiren las manos en el intento, aunque arriesgues el mismo corazón que te dice que te arrojes sin garantías, porque no existen garantías. Al fin y al cabo, el miedo es mental. Es de cobardes quedarse con la duda de quién hubiéramos sido si saltábamos. Hay que creer porque te sostiene y la fe es contagiosa y suele salvar a los que más querés. La humildad y el humor combinados es el cielo en las manos y pocas cosas son tan lindas como las olas abrazando la arena, y el brillo del sol en el agua azul. Las personas fuertes de verdad lloran, se emocionan, se muestran débiles, se permiten conmoverse, son sencillas, y aman un montón. Robar risas es de los delitos permitidos más lindos del mundo y la empatía es y será mi idioma favorito. 

20180416_171154-EFFECTS
Ahora sé y espero no olvidarlo. Que hablar y decir lo que sentís libera. Que lo más lindo que puede darte la vida son personas. Extrañar es la prueba más tierna que somos humanos, y que tenemos dentro momentos que a veces tambi

én quedan lejos. Pero tarde o temprano uno se acostumbra a crear otros nuevos… la vida se reinicia todo el tiempo. Ahora ya lo sé, viajar sirve para querer volver, para mirarnos mejor. Para desencontrarse con los motivos para rendirse. De verdad, por si lo dudás…no hay porqué rendirse.

(Texto que escribí en abril de 2018 cuando volví de mi viaje a Jericoacoara, Brasil)

Gracias por leerme!

Lic. Nani

Instagram: lice.nani

Insomnio

Yo quiero saber a que hora se despertará el demonio
Yo quiero saber en que momento atacará el insomnio

En domingo por la tarde, hermosa tarde sol, y yo me predispongo a escribir una nota que tenía durmiendo entre los borradores de notas empezadas, y sin terminar. Es una nota de color que tiene un poco de todas las etiquetas: cuando me río de mí, sobre mi conchudez, Filosfía barata.  Nada nuevo, todo junto.mde

Desde toda la vida, tengo un malestar común que se llama insomnio. Se acrecentó después de ese seis de agosto, que se me volaron las chapas cuando explotó el edificio de al lado mientras dormía. Dormir se convirtió en una actividad que definitivamente me hace sentir vulnerable a todo lo que pueda pasar. Y sentirme indefensa es una de las sensaciones que más detesto

Independientemente que esté muerta del cansancio, como mínimo estoy una hora y media dando vueltas en mi cama luchando contra mí misma para caer al fin en los brazos de Morfeo. El clonazepam – entre otras drogas- ayudó sobremanera, pero la tomo a la una de la mañana, porque definitivamente me resisto de forma inconsciente a dormir. ¡Aunque después lo disfrute!

Estas cosas son algunas de las pienso mientras me resisto al dulce descanso, mientras escucho música de la más variada…Los ejemplos de canciones son el puntapié de pensamientos boludos y no tan boludos.

«Un día la suerte entro por mi ventana
Vino una noche se fue una mañana quizás solamente me vino a enseñar.  Que viene y va, como las olas con el mar se mueven

(Fito y Fitipaldis)

La suerte. ¿Por qué no tengo suerte? ¿Cómo interpreto la suerte? ¿Que mierda es la suerte? La dosis de suerte que tenemos en nuestra vida es meramente un parámetro cualitativo que no podemos medir con objetividad (como casi nada). La mayoría de las personas se consideran sin suerte. La suerte puede ser un parámetro inútil para justificar lo que no hicimos por nosotros mismos. La suerte define donde estamos parados. ¿La suerte es la falta de obstáculos? ¿El azar lo escribe Dios o mi interpretación?  Diganme quien mierda escribe el azar porque sino es una entidad metafísica le lleno el cuerpo de plomo. En el fútbol mi viejo dice que mala suerte es pegarle en el palo. ¿Dios existe, o hay un ser inanimado, de baja estatura como Cupido, que escribe guiones de mierda? Si es como en el fútbol, tengo mala suerte. No, no quiero hacerme la víctima. No voy a hablar de la suerte, porque me enojo con ella. Brilla por su ausencia. En mi vida, y en tantas otras. ¡Se me explotó un edificio! No, no tengo suerte. O mi suerte es la reencarnación del diablo. La suerte es sinónimo de queja y discusión. No voy a hablarle a Lourdes -mi terapeuta- sobre la suerte. Definitivo. Tampoco se si tendré la suerte de contenerme. Ya fue. La suerte no existe, existe la mala suerte. O como dice Fito y Fitipaldis, viene y va. Y en mi caso siempre se va. Chau suerte, nos vimos en el infierno soreta. (?)

“Donde fuiste tan feliz siempre regresarás,

aunque confundas el dolor con la felicidad”(Beret)

La felicidadQue tema tan triste, quiero llorar y no me sale. Ya fue, mañana lloro. No tengo ni puta idea que és la felicidad. ¿Son momentos? ¿Son escasos segundos que se esfuman? ¿Es el pasado?  “Todo tiempo pasado es mejor” Ok, no me rompan las pelotas, mi presente apesta. ¿En serio regresamos al dolor y lo confundimos con felicidad? En las relaciones humanas hay de las dos! Y creemos que volvemos a una sola; no conchuda golpeada, volvés al calvario, no a la felicidad. ¿Entendés o te hago un esquema? El pasado inmediato, también me dan ganas de tragarme una granada. ¿Qué sienten las personas que son felices? Pará, la guita tiene que ver con esto. ¿Messi es feliz? Es millonario, juega como los dioses, y tiene una familia hermosa. Además, tiene salud. Aunque claro, no debe ser feliz cuando en Argentina le hacen buylling porque no ganó ni la copa de leche. ¿Es su culpa? ¿Es suficiente para que se considere infeliz? Shakira también debe ser feliz. Tiene lo mismo. Hace poco me enteré que tuvo un problema en las cuerdas vocales y casi no puede seguir cantando. Como sea, lo solucionó, y fue con guita. En conclusión, soy feliz cuando río con amigas, cuando escribo, cuando tengo sexo con alguien que me gusta, y cuando abrazo a Lucía. También cuando miro mis tatuajes y entro en la talla 36.  En fin, el único que es feliz es Ricardo Montaner, y punto.

Fue fugaz, fue pasajera. Su relación fue un error
Como si se conocieran, conocieron el temor (No te va a gustar)

Errores: Creo que cometí un millón ochocientos mil. Podría salir en los récords guiness.  Tendría que haberle dicho a mi compañerito que sabía muy bien que el me robó el liqui paper en 1995. Tal vez todo empezó ahí. Empecé a ocultar cosas por un liqui paper robado. Seguro ahora es senador el hijo de puta. Ojala se haya intoxicado con el liqui. ¿Qué? No me digan que exagero, mi vieja me cagó a pedos porque era nuevo. 

Así que armate uno, armate uno Hernán.
Que bueno sos armando, te felicito Hernán.
Que suaves son tus dedos, que suave sos Hernán.
Que lindo que es mirarte armando uno Hernán. (Las Pastillas del abuelo)

Marihuana: ¿Tuve algún Hernán entre mis conquistas? No, solo uno. Pagó la cena y después no nos vimos más. Un par de besitos y desapareció. Que idiota, ni siquiera me dejó garchármelo. Bueno, al menos pagó la cena, y me pedí el plato más caro. Aunque era un cheto insoportable y prejuicioso, no le debe haber afectado mucho. No le cabía fumarse un faso. ¿Laburaba en el departamento antinarcos, o qué? Bueno Nani, tampoco uno es vivo por fumarse un porro. ¡Pero si es una pelotudez prejuzgar! Debe ser pañuelo azul. Se pierde de ver animales mitológicos después de fumar y no es que fume tantas veces. Son contadas las veces por año que fumo y solo le doy una seca, porque me hace toser. Creo que no necesito marihuana para fantasear, estoy re loca, que copado jaajajajaja. Algunos dicen que es mejor que el cigarro. Quiero una plantita verde, ¿se la pido a mi vieja? Mejor no, seguro me Igual, ya dejé, llevo tres días sin fumar. Utilizo el vaporizador sabor ananá con tres por ciento de nicotina. De todos modos ahora me fumaría uno. -Bostezo- Me está dando sueño. La marihuana te hace reír de todo. Hasta de la suerte y la felicidad. Son entidades difusas. Debe ser la verdadera realidad, estar fumado te hace ver todo más claro: todo es una mierda de la que nos podemos reír.  Y reír te da felicidad. Amás a todos. Como con el alcohol. Esas alegrías justas que de repente te hacen llamar a tu ex -chongo, o no vio- para que mañana el castillito que armaste con los dragones y unicornios violetas, se caiga encima tuyo transformándose en ladrillitos de indignidad. 

Perdón, perdón, perdón
Por crearme esta falsa historia de amor
Y te pido perdón
Por haber esperado demasiado
De un perdedor (Ha*Ash)

El tema me parece indigno, hablando de indignidad. ¡Indignidad! ¿Que mierda es la dignidad? No me vengan con eso de que perder la dignidad es mandar un mensaje. A menos que el mensaje diga “no puedo respirar sin vos” Dale, no puedo respirar sin Fernet, no exageremos. Dignidad no puede ser decirle a alguien lo que sentís. El tema es no decirlo cuando ya sabes que no hay posibilidades. En fin, necesitamos que nos digan “no te quiero” para mantener lo que en la jerga popular llaman dignidad. Igual para mí ser digno, es no robar, no lastimar al otro, no maltratar. Ahora que lo pienso, mi prioridad siempre fue no lastimar al otro. Me da culpa. Debería darme más culpa lastimarme a mi misma por no lastimar a otros. Pero bueno…soy conchuda.

Las piernas más bonitas, las piernas más lindas piernas que vi (Los redondos)

Me miro las piernas, cuando me las miro siento culpa. Siempre las veo algo gordas. La culpa, justamente. Cuando hablo de culpa, hablo de comida por mi obsesión con la delgadez. Bah, la sensación de entrar en mi ropa más jugada y poder vestirme como una quinceañera. Me gusta, porque me dicen que parezco más chica. La formalidad a veces me aburre. ¿Será que quiero ser diferente a los demás? No, no. Ya soy un bicho raro y a veces no me gusta, siento que no encajo. La culpa es comerme unas papas fritas, aunque las haya disfrutado. Al minuto, en serio, todo tiempo pasado fue mejor. Las papas fritas las hago caseras. El aceite del 94 me cae como ojete, ya no tengo veinte. A los 31 con gastritis las comilonas se pagan caro, y no por tener el culo del tamaño de la casa rosada (lleno de porquerías, valga la analogía) 

Porque conozco yo el calibre de tus besos,
ya no me dejo asesinar por esa boca,no pongo un pleno mas por vos,
no tengo un peso mejor le cedo a otro el turno que me toca. (Las Pastillas del Abuelo)

Guita: La canción se la dedicaba a la rata 1. Hijo de una gran camionada de bestias salvajes con sífilis. Igual no tengo un peso para él, ni para mí. En tres días tengo que llamar a mi viejo para que me deposita las 7 lucas de tarjeta. En las que tengo algunos actos ilícitos. (Máscara de pestañas azul, cremas, fernet para el mes, buzo cangurito en Mar de Ajó, chrome cast, y netflix, aunque eso usan mis viejos también) Me siento un tanto ñoqui cuando llamo a mi viejo para pedirle guita, aparte de frustrada y avergonzada. Mi desempleo es la peor parte de no tener guita. O quizá no. Estar al pedo tiene sus buenos impuestos emocionales. Ganas de romper todo, pero lo evito porque eso también. El desempleo es sinónimo de titulos sangrando en la pared y en un CV riquisimo. Bah, la humildad no vale en este caso. Tengo un buen CV, y derecho a reconocerlo. En voz alta nunca lo digo. Temo hacer sentir mal a otro que tiene el CV vacío. Lo de siempre, mi especie de dignidad filosa: primero el otro y luego yo. 

Las cosas que no pueden ser, son todas las que he sido yo
Las mezclas no me salen bien
Sexo, drogas, rock & roll
(Fito y Fitipaldis)

Sexo… ¿cuánto hace que no la pongo? ¿A cuantos me cogí? Que lo parió soy re puta, tengo la moral sexual de un hombre. (¿Me hago el cambio de género? un pito para mi sola, no estaría nada mal) Ni siquiera tengo un numero, perdí la cuenta. Pero se que son mayor a 30. Que desastre, si mi viejo supiera. (Capaz lo intuye) Por suerte si sabe que tengo preservativos en el cajón y muchos forros en mi prontuario amoroso. ¿Cuantas veces lloré por amor? Bueno, amor… ¿es amor si se me pasa en dos semanas, exagerando? Nah, era capricho. Se van antes de superar la maldita etapa de desilusión. “Ya va a llegar el indicado” Me lo dijeron en la tercera presidencia de Perón y dale, sigo esperando. No hay nadie indicado, nací para escribir, no para aguantar un imbécil con sobrepeso llenándome el bombo. A veces se parece al sueño dorado de los doce años. Creí que a esta altura iba a tener 3 pibes. No sé, igual lo agradezco. Dudo que tenga más que uno, si es que lo tengo.

«Dicen que es imposible, y lo imposible solo tarde un poco más» (Cajelleros)

Lo imposible es imposible no me jodan, callejeros. Y hablando de imposibles, quiero ganarme el Quini. Capaz puedo ser como Messi y fumarme comentarios despectivos y envidiosos, porque me paso rascándome la concha en Ibiza y lo muestro ostentadoramente en redes sociales. Si, posta, me la re banco. ¿Con qué numero soñé el otro día? Debería jugarlo, pero me lo olvidé. ¿Funciona si me lo invento? ¿Qué carajo estoy pensando? Todo esto es una pelotudez. Debería dormir, son las dos de la mañana. Che, estaría re bueno vivir de escribir. Creo que lo hago bien. ¿Me haría peronista por un puestito en página doce? Que pregunta de mierda.  Me van a decir hipócrita, consciencia vendida, oportunista. Pero seguro comprenderán que quiero irme a Ibiza, ¿no? Nadie podría culparme. Jajajajaja (me río sola) Por suerte no mandé el CV a los peronchos. ¿Mirá si mi novela se lleva a serie en Netflix? Ahí si que no saludo más a nadie. (Quien me cree? Soy muy simpática jajaja) Pero si tengo guita me pueden secuestrar. Haría todo para que mis chongos se enteren. Así me los cojo en mi mansión y los rajo a los cinco minutos. Más de eso no duran. Imbéciles.

Posturea para que el mundo lo vea
Que la vida con un filtro no es tan fea (Arnau Griso)

Redes sociales: Sí, con filtro somos más lindos, pero a mi me hace ver blanca y parezco casper. Siempre le meto bronceado, y me preguntan si me fui de vacaciones. Termino diciendoles en comentarios que es el filtro. Lo pongo al pedo. Debería inventarme que me fui a Mar del Plata, pero me dio paja poner fotos. (Jajajajaj) Llegué a un memes. Creo que son lo mejor de las redes sociales. Los memes son un lenguaje visual, una semántica escrita, y caras particulares de famosos o dibujitos expresando emocionalmente el fracaso de esa persona. En general se refieren al fracaso. Creo que en este país evitamos el suicidio, por los memes y los antidepresivos, porque nos hacen reír de nosotros mismos y porque equilibran los neurotransmisores. Reírme de mi misma eso hace olvidar el miedo a la muerte. Reír de la mierda en la que estamos sumergidos. Ah mirá, esta tuvo un bebé. ¡Nunca me enteré! Creí que era el sobrino. Que boluda, no tiene hermanos. Me faltan todos los caramelos. Fulanita puso una foto con la mamá. Tiene cara de buena la vieja. Me puso un me gusta el pendejo que me curtí hace seis meses. ¿Le mando un mensaje? No, no da. A ver su perfil. ¡Tiene novia el hijo de puta! ¿Les cuento a las chicas? No, al pedo, ni tiene importancia. Estoy indignada igual. 

¿Nunca tuviste calambre en las venas?
¿Vergüenza en los dedos?
¿Pereza en la fé? (Ivan Noble)

Tengo interrogantes más pelotudos que Ivan. ¿Cómo hacen para evitar una erección los actores durante una escena de sexo en ficción? ¿Tomarán algo? Yo llego a besar diez meses en el rodaje de una novela y te escribí diez poemas, veinte hojas de mi diario, y cuatro del blog. ¿Tan conchuda voy a ser? Necesito cariño, universo.

Ay, que Dios boludo
se pinchó en la mitad
se hizo el canchero con milagros. (Divididos)

¿Dios existe? Nah, puro verso. El mío se fue de vacaciones junto con Satanás y Cupido. En su mundito hay una serie de mi vida de diez capítulos. Son todos iguales. Una mina desempleada riéndose de memes y chistes, contando pelotudeces en facebook, y publicando frases que pocas veces lleva a la práctica. «¡Ey, lo hago por los demás!», pienso. Capaz tienen más fuerza de voluntad que yo y de paso me la contagian. La vida sería más justa si el barba existiera. Pero nos consuela que haya arriba alguien a quien rogarle, y quejarse de falta de felicidad, sexo, marihuana, guita, buena suerte, y la excesiva culpa.

«Allá donde se cruzan los caminos
Donde el mar no se puede concebir
Donde regresa siempre el fugitivo»
Pongamos que hablo de Madrid (Joaquín Sabina)

Extraño Madrid, que cagada. Me quiero ir a España a ver a mis sobrinos y no tengo un peso. ¿Por qué? Quiero un puto laburo. Llegaron 1500 pesos de luz y consumí menos que el año pasado, pero gasté más. Maldita presión impositiva.

«Hello, can you hear me?
I’m in California dreaming about who we used to be» (Adele)

Música. Sintonizo una canción hermosa. «Hello», de Adele. ¿A quién me hace acordar? A nadie, que triste. Que conchuda también, porque de lo contrario estaría extrañando a alguien. ¿Qué? Me aburro sin extrañar a alguien. Algo muere dentro mío cuando escucho una canción y no hay ningún imbécil dentro. ey, eso sirve para mi diario. Ya lo agrego.  Voy a subir una frase a instagram. Re densa, pero ya fue. Así la borro del celular.

¿Donde están los ladrones? ¿Dónde está el asesino? (Shakira)

Shakira, la chica feliz. Que buen tema de los noventa. ¿Los políticos van a dejar de robar algún día? No, y no tengo ningún pensamiento que contradiga esto. Nada que agregar. Otra expresión de deseo imposible. 

Quehaceres baratos: Promesa… esta semana dos veces a Zumba, sacar turno al ginecólogo, psicólogo, psiquiatra, oculista, dermatólogo, comprar medicamentos. Mierda, cuando cumplí 85 y no me di cuenta? Hablando de fármacos, ¿que mierda hace la pastillita? Tengo sueño. Maldita sean las canciones, las redes sociales, las preguntas existenciales, la falta de guita y empleo y felicidad, los sueños imposibles, los chongos que no sirvieron para nada, las ganas de escribir, mi CV pulido lleno de cosas que no me sirven para un carajo, maldita Shakira, maldito Messi, Dios, y el pelotudo de Ricardo Montaner. La culpa la tienen ellos, la culpa del hijo de puta del insomnio. 

Ya te va a llegar el sueño indicado, Nani. (Han pasado 84 años)

¿Existirá la vida después de la muerte? Bueno, mañana lo pienso, es muy complicado y me estoy quedando dormida.

Tiro el celular abajo la almohada, y me quedo dormida, riéndome de mi suerte. Al final, el insomnio no es tan aburrido.

¿Ustedes que piensan cuando tienen insomnio? Cuéntenme en comentarios, ¡por fa!

edf
Lista de Spotify “variado”

 

Gracias por leer mis locuras.

Lic Nani.

Instagram: lice.nani

Renacer

Renací cuando aprendí a salvarme, cuando ser fuerte fue la única opción. Es increíble lo formativo que es el dolor, te alecciona, te hace crecer… me convirtió en mi heroína, me bajé mi propia luna, porque entendí que nadie iba a hacerlo por mí. Me hice cargo de cosas que hubiera preferido borrar de la faz de mi memoria. También supe ser mi enemiga, usé el látigo injustamente para conmigo. Empecé por enésima vez los cimientos de mi autoestima con tanto esfuerzo, con tantas caídas en el medio, viéndome obligada a soltar tantas culpas innecesarias e inciertas.
Tuve que irme cuando quise quedarme, y otras tuve que dejar que personas que amaba, se fueran. Construí refugios para abrigar mis demandas de amor. Cuando cicatrizas entra luz por las heridas y de repente caí en algo que desaprendo todos los días… que la felicidad es tan simple; es sentir la parte fría de la almohada, es ante todo la tranquilidad, saborear la comida favorita, las carcajadas con amigos, los mates a la mañana, los libros, las fotos, las palabras, la música, bailar, la risa que no deja de salvarnos, la vida misma, que siempre es hoy y hoy es siempre todavía….si podés correr, si tus ojos ven, si tenes un abrazo a mano, si tenés un techo y un trabajo…
¿Qué carajo es el éxito al final? No me interesa destacarme, ni los aplausos, ni nada, ni que me admiren. El título más importante es el de buena persona, el resto es humo. A la mierda los mandatos. Mi única regla es la libertad de hacer lo que deseo sin lastimar a nadie.
Soy las veces que no me rendí. Soy las veces que me quedé llorando frente a puertas cerradas, porque de eso aprendí. Soy las veces que me fui como acto de amor propio, las veces que eduqué mi empatía para ayudar a los demás. Soy también la que tomó distancia cuando ya no tenía nada para aportar. Soy las veces que me cure llorando frente al teclado. Soy el día que pude defenderme por primera vez. Soy la que pude herir y preferí no hacerlo. Soy la que decidió salir del rol de víctima, porque solo estanca. Soy la que alguna vez hice daño y pedí perdón y también la que perdoné. Pero, ante todo soy la que intenta perdonarse todos los días… y eso es todo lo que se del amor.

Escrito el 14/01/19, cuando me hice mi séptimo tatuaje.

 

Gracias por leer♥

Lic. Nani

BeautyPlus_20190315123405973_save

Párrafos sueltos I (Encajar)

«Nada peor que querer encajar los entornos donde te hacen sentir que sobrás.

Las únicas personas que necesito en mi vida son las que probablemente me necesiten en la suya y lo tengo muy claro.

En gente pelotuda, no inclusiva, cero empática, y con falta de humildad no gasto ni un segundo de mi tiempo.

De hecho, si me decepcionan me hacen un gran favor.

Cuando te valorás, las migajas no te alcanzan nunca más.

Y menos de gente que pierde más sin mi en su vida, que yo sin ellos.»

Si es para eso, prefiero ni encajar con los encajan.

Fuente: Facebook dándome sopapos con los recuerdos:

parrafosuelto1

 

 

 

 

Lic. Nani Nanita

Inaugurando la nueva sección de “párrafos sueltos” o “balazos en la sien” , como más les guste.